lunes, 4 de agosto de 2025
Cuenta atrás para la media veda
La noche antes a la apertura de la media veda no soy capaz de conciliar el sueño. Me pasa cada vez que voy a cazar. Y el día que deje de ocurrirme, ya no será lo mismo. Me muevo de un lado al otro de la cama sin pegar ojo, nervioso, pensando en los lances del día siguiente, repasando mentalmente cada detalle.
Son los mismos nervios que sentía cuando empecé hace ya más de 40 años. Por aquel entonces cazábamos en un coto de Ossa de Montiel, Peñadorada, un auténtico paraíso cinegético para la caza menor que tuve la suerte de disfrutar durante muchos años junto a Ramón Ferrero, uno de los mejores cazadores que he conocido, con un instinto casi innato para la caza y con el que me inicié en el mundo de la caza, junto con Paco Sanchis.
Peñadorada reunía condiciones inmejorables para la caza en mano: una orografía cómoda de cazar y una gran variedad de especies cinegéticas en su acotado de 400 hectáreas: perdiz, conejo, liebre, tordo, pato, becacina, codorniz, torcaz y tórtola. Incluso la primera y única becada que he abatido en mi vida fue allí.
Desde hace muchos años anoto en un pequeño cuaderno cada una de mis cacerías. La primera anotación que conservo es de julio del 87, cuando cazaba con una 303 Beretta semiautomática. Desde entonces guardo en folios, agrupados por escopetas y cotos, todas las cacerías en las que he participado. Tengo pendiente reunir todas esas notas y escribir un pequeño dietario de caza. El día menos pensado me pongo con ello.
En Peñadorada viví las mejores jornadas cinegéticas acompañado de Rocco y Sénia, un magnífico braco alemán y una preciosa labradora que me acompañaron siempre en mis innumerables viajes cinegéticos por tierras manchegas. También he tenido la suerte de compartir jornadas de caza con una buena cuadrilla de compañeros, algunos de los cuales ya no están entre nosotros como: Miguel Ferrer o Miguel Ferrero.
Ha pasado mucho tiempo desde entonces, pero mantengo intacta la misma afición. Continúo sin poder dormir la víspera, lo cual demuestra que la ilusión sigue viva.
Este año la media veda promete. Los agricultores, pese a los bajos precios, se han animado a sembrar y hay abundante comida en el campo. Aunque ya se ha recogido el cereal, las cosechadoras siempre dejan un buen rastro de grano en el rastrojo, suficiente para que la codorniz aguante y la torcaz encuentre alimento. Se ve mucha paloma este año precisamente porque se ha sembrado.
A todo eso se suma que este verano ha sido algo más suave, con algunas tormentas en julio que han refrescado el monte. Si el calor no aprieta demasiado este mes de agosto que acabamos de comenzar, tendremos una media veda que recordaremos durante años.
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