lunes, 26 de octubre de 2026

El tordo “a la choca”

Todavía no han entrado los tordos., aunque estos días de luna llena podrían comenzar a entrar en la Península. Los tordos aprovechan las noches iluminadas para desplazarse. La caza “a la choca” se realiza al caer la tarde, en los últimos minutos de luz, cuando los tordos se dirigen a los dormideros para pasar la noche. Este fin de semana, debido al cambio de horario, hemos retrasado una hora los relojes, así que ha tocado ponerse un poco antes, sobre las seis de la tarde. Este sábado y domingo me he puesto “a la choca”, esperando la entrada de los tordos a sus dormideros, normalmente situados en pinadas y otras zonas boscosas. No ha habido mucha suerte. Para esta modalidad conviene utilizar munición del nueve, de 32 gramos, y un choque abierto, de cuatro estrellas o incluso cilíndrico. Con tan poca luz, los tordos entran muy bajos y apenas dan opciones de tiro. Hay varias modalidades en la caza del tordo. Una de ellas es la caza en puesto fijo o al paso, esperando su salida de los dormideros al amanecer, cuando se dirigen a los lugares donde se alimentan, normalmente olivares y zonas de vega. Conviene estar en el puesto antes de que amanezca porque los tordos suelen ser muy madrugadores y, cuando empieza a clarear, ya pueden estar en movimiento. Otra modalidad es la caza al salto o en mano, recorriendo el terreno para levantar los tordos del suelo o de la vegetación baja. Otra modalidad tradicional de caza del tordo es el parany, una práctica muy arraigada en algunas zonas del territorio valenciano. Sin embargo, en la actualidad está prohibida, al tratarse de un método de captura no selectivo que puede afectar a otras especies de aves. Yo suelo colocarme siempre en el mismo sitio, detrás de un borde olivo que me sirve de parapeto bastante bien y me permite tener una buena visibilidad del terreno. Los tordos tienen buena vista, así que conviene permanecer lo más oculto posible. El sábado hablé con Nicolás para ponernos juntos. Él iba con su padre y se colocaron cerca del monte. No tardaron mucho tiempo en tirar. El principal problema de la caza del tordo es el cobro, sobre todo en zonas con mucho matorral. De hecho, el que abatí tuve que ir a recogerlo al día siguiente con los perros. Y eso que estoy en una zona bastante despejada, en un campo de olivos viejos. El sábado entraron dos. A uno, que pasó algo largo, no le tiré mientras que el otro estuvo a punto de quitarme la gorra. Dudé en dispararle porque, de primeras, lo confundí con un estornino. Cuando me di cuenta de que era un tordo, ya se había metido en el monte. Aún así, disfruté de la puesta de sol y, sobre todo, del ulular de una pareja de búhos reales que habitan en el monte. Un sonido que, en medio de la tranquilidad del campo al anochecer, convierte cualquier espera en un momento especial.
El domingo solo tuve una opción y la aproveché. El domingo solo tuve una opción y la aproveché. No conseguí encontrar el tordo, pese a haber marcado bien donde había caído, Ya era de noche y tuve que recurrir a la linterna del móvil, pero no hubo manera. Al día siguiente volví con los perros y, finalmente, se hicieron con él. Habrá que esperar a que entre el frío para disfrutar de esta pequeña ave que tantas satisfacciones da a los cazadores.

lunes, 12 de octubre de 2026

Primer día de caza en Fontanars dels Alforins

Hacía muchos años que no salía a cazar en Fontanars dels Alforins. Tengo la finca cedida a la sociedad de cazadores, pero este año no he conseguido vender ningún talón de caza. Es la primera vez que me ocurre. Hasta ahora, siempre había vendido los talones en el mes de agosto, antes del comienzo de la media veda.
Genaro y su perrita Marie en un barbecho durante una jornada de caza (Foto: PS) Según me explicó el presidente de la sociedad, Vicente Ribera este año la demanda de talones ha caído un 50%. Habrá que preguntarse por qué. ¿Qué ha pasado para que la gente ya no quiera cazar en Fontanars? El número de socios también ha disminuido. Si a eso sumamos la falta de relevo generacional, dentro de unos años apenas quedarán cazadores. Es una situación que se repite en muchos acotados. En esta primera jornada de caza se han escuchado muy pocos tiros. Fontanars ha sido tradicionalmente un buen coto, pero en los últimos años la perdiz ha experimentado un importante declive. Lo mismo ha ocurrido con la liebre, que antes se prodigaba por nuestros campos y barbechos. Cada vez resulta más difícil encontrar aquellas poblaciones de caza que hace años formaban parte del paisaje habitual. Mientras la caza menor está en declive, la caza mayor está experimentando un auge considerable. El jabalí, el muflón, el venado o la cabra montés han ganado protagonismo en muchos territorios, mientras que especies emblemáticas de la caza menor, como la perdiz y la liebre, atraviesan una situación preocupante. Hoy hemos salido a cazar Genaro y yo. Me ha acompañado por primera vez Tiza, que se ha portado muy bien, cazando a la mano, aunque no he tenido ocasión de tirar a ninguna pieza. Hoy solo se podía tirar al conejo y la liebre, con cupo de una pieza por cazador. La perdiz únicamente se podrá cazar en la sierra el último domingo de noviembre. Hemos empezado a cazar por una zona libre que linda con el coto de Fontanars. No nos hemos encontrado con nadie. El terreno está muy seco y la caza va delante de nosotros. Hemos visto algunos conejos y también tordanchas. La grifa o tordancha, a diferencia del tordo, permanece aquí durante todo el año. Genaro ha disparado a un par de ellas y ha tenido la suerte de ver una liebre dentro de un emparrado. Los conejos estaban dentro de las espalderas, con lo cual era muy difícil dispararles. Apenas queda viña en vaso; la mayoría se cultiva ahora en espaldera, lo cual dificulta la cría de muchas especies, entre ellas, la perdiz. Todavía queda mucha hoja en la viña, lo que reduce considerablemente la visibilidad. Los conejos cruzan veloces entre los bancos de viña, dando pocas oportunidades. La mañana ha transcurrido sin demasiadas oportunidades. Incluso me ha ocurrido algo que no me había pasado nunca. En una de las pocas ocasiones en que he tenido un conejo tiro, me he dado cuenta de que llevaba puesto el seguro de la escopeta. Al final, esa ha sido la única oportunidad clara de disparar que he tenido en toda la mañana. No suelo poner nunca el seguro al arma. Cuando atravieso una zona complicada, como un barranco o un reguero, prefiero abrir la escopeta. En mi caso resulta fácil porque cazo con paralela o superpuesta. Ha hecho un día demasiado caluroso para la caza. El terreno seco y las altas temperaturas tampoco han ayudado a que la mañana resultara más favorable. Hay una zona de carrascas especialmente buena para el conejo. La hemos dejado para el final y ha sido allí donde Genaro ha conseguido estrenarse, abatiendo un conejo que previamente había sacado de una mata su perrita, Mari. Yo no he disparado porque Tiza estaba demasiado cerca del conejo. Genaro que se encontraba más a mi izquierda, tenía un ángulo de tiro más favorable. Así que he preferido dejarle la oportunidad, que no ha desaprovechado. Tiza no ha llegado a traer el conejo, pero sí lo ha mordido. Era su primera pieza y una experiencia nueva para ella. Aunque la jornada no me ha deparado ningún lance, me he quedado con la satisfacción de verla desenvolverse en el campo. Afición tiene.

viernes, 9 de octubre de 2026

Primer día de la temporada en la Patirroja

El viaje hasta El Bonillo ha sido complicado, con mucho tráfico. He llegado antes de lo previsto, así que me ha tocado esperar a que llegaran mis compañeros. Hoy he cazado con Jorge, Vicent, Kiko y su hijo Antonio que venían de Alicante, concretamente de Senija. En principio, no teníamos pensado ir hoy a El Bonillo, pero en la cuadrilla de Vicent se han producido varias bajas, lo que nos ha permitido cazar con ellos y la verdad es que ha sido un gusto compartir la jornada con tan buena gente. Al llegar a El Bonillo, el termómetro marcaba 4 grados. Después el sol ha ido calentando un poco y hasta nos ha sobrado algo de ropa. Ha llovido durante los últimos días, y buena falta que hacía. El campo presenta ahora otro color. Después de un verano en el que apenas ha caído agua, estas lluvias le han dado un aspecto diferente. Nada más entrar a la finca, hemos empezado a ver los primeros bandos de perdices, que parecían no tener miedo al coche. En los caminos hay comida abundante y el campo empieza a mostrar otra cara. Hoy Kiko tenía un ojeo de franceses. Hemos cazado en los trochares, acompañados de nuestro buen amigo y compañero Elías, que esta vez no ha traído a Trufa. Batman, el pointer de Vicent, nos ha deleitado con varias muestras a pieza parada, como puede verse en la fotografía que acompaña esta crónica. Un espectáculo contemplar al perro marcar así, con esa seguridad y esa elegancia que tanto disfrutamos los aficionados a la caza.
Batman, en una muestra a una perdiz a pieza parada (Foto: PS) Antonio, que tiene ahora 17 años y está estudiando para ingeniero industrial, cazaba por primera vez. Hoy ha conseguido abatir su primera perdiz, un acontecimiento que ningún cazador novel olvida y que hemos celebrado como se merece. Yo todavía recuerdo mi primera perdiz, que acabé disecando. Son momentos que se quedan grabados en la memoria y que, con el paso del tiempo, uno sigue recordando con la misma ilusión. Durante la jornada también hemos visto un par de varetos que han huido velozmente al escuchar los disparos. Por mi parte, he empezado mal la mañana, errando una perdiz de muestra de la perrita de Jorge. He hecho los dos tiros traseros. La perdiz, que estaba encamada en una mata, ha arrancado hacia un sembrado y los dos disparos se han quedado detrás. Hoy no he cazado con la Mendicute, porque todavía la tengo en la armería. He salido con la Beretta y he probado el cartucho del 7, de 32 gramos, pero no me ha convencido. He dejado muchas perdices alicortadas. El próximo día quiero probar con perdigón del 6, también de 32 gramos, a ver si consigo mejores resultados. Al final, no me he llevado a Tiza porque prefiero salir antes con ella en el pueblo para ver cómo reacciona con los disparos. Sí me ha acompañado Blak,i que ha cobrado muy bien, aunque se le ha escapado alguna perdiz alicortada. Hoy ha sido la jornada en la que más perdices me he colgado, pero también en la que más tiros he pegado. Normalmente suelo tirar entre 25 y 30 cartuchos y hoy he superado las dos cajas. Concretamente, 70 tiros. He errado muchas perdices, aún así, he conseguido colgarme 18. Una buena percha, aunque con la sensación de que podría haber sido mejor si hubiera estado más acertado. En uno de los lances, Elías que ha estado atento, ha visto cómo una perdiz hacía la torre y, efectivamente, estaba muerta en un sembrado. Estamos todavía al principio de la temporada y a las perdices les falta todavía un poco para ganar fuerza. A mi buen amigo Jorge le he hecho un buen sombrero al abatir una perdiz larga que él había errado. Otro día me lo hizo él a mí y, precisamente, son estos lances y las anécdotas que se van acumulando jornada tras jornada, las que nos estimulan a seguir cazando en buena compañía. Porque, al final, y no me cansaré de repetirlo, la caza es mucho más que los disparos y las piezas que conseguimos abatir. De camino a casa, hemos parado a comer en El Cruce, en Barrax, que tiene un buen menú casero. Prueba de ello es que estaba lleno. Yo me he pedido un arroz meloso y unos huevos con gulas que estaban deliciosos. Además, Antonio ha tenido su vela de celebración por abatir su primera perdiz. ¡Un momento para recordar! Sin embargo, hoy también hemos conocido dos malas noticias para el mundo cinegético. La primera es el TSJ de Madrid ha suspendido cautelarmente la caza de la perdiz, la codorniz, el zorzal, las palomas y otras siete especies. Una noticia preocupante para los cazadores, que vuelve a poner de manifiesto la incertidumbre que rodea a nuestra afición. La segunda viene de las grajas cinegéticas, donde han aparecido brotes de una infección altamente contagiosa, como es la enfermedad de Newcastle. Una situación que también genera preocupación por sus posibles consecuencias para las explotaciones afectadas y para el sector cinegético.

domingo, 4 de octubre de 2026

Fin de temporada al plato en Vallada

El pasado sábado, día 3, celebramos el tradicional día de paella entre amigos en el campo de tiro El Tollo de Vallada, una jornada que sirve también para poner el punto final a la temporada de tiro al plato. Como todos los años, Santi fue el encargado de preparar la paella. Esta vez, por suerte para mí, sin las famosas «mandoguilles de jabalí», cosa que le agradezco. La paella estaba buena, aunque, para mi gusto, llevaba demasiado arroz y no estaba tan al punto como en otras ocasiones. Aun así, cumplió perfectamente con su cometido y nos permitió disfrutar, una vez más, de una agradable jornada entre amigos. Durante la comida,Santi me comentó que tiene previsto hacer unas mejoras en las instalaciones de cara a la próxima temporada,especialmente en lo relacionado con la iluminación y con el interior del bar. Son pequeños cambios que, sin duda, ayudarán a mejorar las instalaciones y a hacer más agradable la estancia de todos los que acudimos al campo de tiro.
Hicimos la comida dentro del bar ante la previsión de lluvias. Sin embargo, el tiempo, aunque muy nublado y con algo de frío, se comportó y finalmente nos permitió disfrutar de la jornada sin mayores inconvenientes. Yo llevé unas botellas de Marqués de Cáceres crianza, una barra de pan de kilo y una torta de tomate del horno de Adela. José llevó una coca de pimientos y anchoas, muy buena, y unas botellas de Ribera del Duero. Rafa se encargó de la repostería. Amadeo, Rubén, Pepe, Enrique, Pedro, Manolo, Morant, José, Josep Lluis, Rafa y quien suscribe estas líneas nos reunimos un año más para despedir una temporada que comenzó en el mes de marzo y que finaliza coincidiendo con el inicio de la temporada de caza. Más tarde llegaron Alejandro, Gonzalo y Palomares, que acaba de proclamarse primero de su categoría en la III Fase Ranking Autonómico Foso Universal Comunidad Valenciana, con 94 platos de 100. Por motivos de trabajo no pudo asistir a la final, que se disputaba este fin de semana en el campo de Mollet del Vallés. Después de la comida vinieron los platos, pero no de cuchara. Los que hay que romper de verdad, aunque no siempre consigamos hacerlo como quisiéramos.

martes, 15 de septiembre de 2026

Cuaderno de caza: Cuarenta años de memoria en el campo

Desde 1987 llevo un cuaderno en el que anoto cada jornada de caza en las que he participado, el número de piezas abatidas y algunas anotaciones que, con el paso de los años, han terminado convirtiéndose en pequeños retazos de mi propia historia. La primera entrada está fechada en julio de 1987. Aquel día abatí seis conejos en Ossa de Montiel, en el coto de Peñadorada. Cazaba entonces con una repetidora Beretta 303. Hoy, aquel cuaderno, escrito hoja a hoja durante casi cuarenta años, es mucho más que una relación de jornadas y perchas. Es un recorrido por décadas de campo, perros, viajes, amigos, amaneceres y recuerdos. Una parte importante de mi vida de cazador quedó allí escrita, jornada tras jornada. El 12 de octubre de 1992 me colgué doce perdices. Hubo otro día de diez, el 10 de octubre de 1993, y dos jornadas más de nueve. Entonces no había perdices de suelta. Eran otros tiempos para la reina del monte. La codorniz tampoco faltó a la cita. En Peñadorada quedaron para el recuerdo dos jornadas memorables, con trece y once piezas. Y en Torre de Juan Abad, donde tuvimos un coto durante un par de temporadas- muy querencioso también para la liebre-, se dieron días de cinco liebres en 1992 y 1995, además de otro de cuatro en octubre de 1993. En 1999 cambié de escopeta y pasé de la Beretta 303 a la Urika. Entre diciembre de ese año y agosto de 2008 abatí 1.106 conejos. Hubo perchas difíciles de olvidar: 23 rabudos en una jornada por la mañana, y 18 el 16 de octubre de 2004, todas ellas en Peñadorada, un coto que siempre fue sinónimo de conejo. La liebre también tuvo sus años de abundancia, muy lejos de lo que ocurre ahora. El 14 de octubre de 2000 me colgué nueve. Aquel día hice un doblete después de una muestra de Rocco, de esas que se quedan grabadas para siempre en la retina. Durante estos casi cuatro decádas, el pato también ha sido protagonista de innumerables lances en una laguna natural, escenario de amaneceres y esperas memorables. También quedaron anotadas aquellas jornadas de temperaturas gélidas, cuando el frío formaba parte inseparable de la caza. El 10 de diciembre de 2005, por ejemplo, el termómetro marcaba -5,5 ºC. Y si el cuaderno habla de caza, inevitablemente habla también de perros. El 28 de diciembre de 1996 me acompañó Rocco por primera vez a cazar. Aquel día no hubo demasiada suerte y solo pude abatir una perdiz. El segundo viaje las cosas fueron bastante mejor: cuatro perdices y un conejo. Después de Rocco llegó Sénia, una preciosa labradora negra con la que compartí jornadas de caza inolvidables. El 12 de julio de 2007 hizo su primer viaje conmigo. Tras Sénia tuve otra labradora, esta vez color chocolate. Se llamaba Duba y me acompañó por primera vez el 22 de diciembre de 2014. Por desgracia, solo estuvo conmigo dos años. Fue una perrita muy buena. Porque no entiendo la caza sin perro, Syrah ha sido mi mejor compañera durante todos estos años. Los perros no son solamente compañeros de caza. Forman parte de cada jornada, de cada recuerdo y de esa emoción especial que hace que uno vuelva al campo año tras año. También he compartido muchas jornadas de caza con amigos y compañeros inolvidables Alguno de ellos ya no están entre nosotros pero siguen presentes en mi memoria cada vez que hojeo aquellas páginas: Miguel Ferrer, Pepe Sala, Pepe Mora, o Miguel Ferrero. Otros fueron mis maestros personas de las que aprendí mucho y a las que sigo recordando con agradecimiento: Paco Sanchis o Ramón Ferrero. La Beretta superpuesta también tuvo su papel en este cuaderno, con jornadas destacadas, entre ellas dos ojeos en el coto de la Sierrecilla, con los Venera, saldados con perchas de 57 y 30 perdices. En Casas Juntas, cazando el conejo con hurón, el contador se llegó hasta 140 piezas. En julio de 2008 llegó la paralela, una preciosa Mateo Mendicute que todavía hoy me acompaña. Con ella continuaron las buenas jornadas de conejo- perchas de 17, 13 u 11- y también algún día notable de codorniz, con diez y nueve piezas. Peñadorada seguía respondiendo, fiel a su historia y a tantos años compartidos. El balance global de todos estos años habla por sí solo: 1.881 conejos; 258 liebres; 1.754 perdices; 513 torcaces;293 palomos; 249 codornices; 129 tórtolas, 95 patos; 588 tordos y 22 urracas. Pero, en realidad, las cifras son solo una parte de la historia. Detrás de cada número hay un amanecer, un viaje, un perro, un compañero, una muestra, un lance, una alegría o, muchas veces, una jornada de vacío. Hay noches de insomnio antes de salir, kilómetros y kilómetros de carretera y muchas horas esperando que el campo quisiera regalarnos algo.. Solo a Peñadorada, 297 viajes; A Torre de Juan Abad,72. Son muchos kilómetros, muchas madrugadas y muchas jornadas acumuladas. Pero también son casi cuarenta años de recuerdos. De todos los cotos en los que he cazado, donde más he disfrutado ha sido en Peñadorada, en Ossa de Montiel. Fue un coto que tuvimos durante muchos años y que terminó convirtiéndose en algo mucho más importante que un simple lugar de caza. Peñadorada guarda una parte muy importante de mi vida de cazador. Y todo está allí, escrito día a día, en aquel viejo cuaderno que empezó en julio de 1987 con seis conejos y que, casi cuarenta años después, sigue siendo una de las mejores formas que tengo de volver al campo, a los perros, a los amigos y a aquellos amaneceres que el tiempo nunca ha conseguido borrar.

jueves, 20 de agosto de 2026

La tormenta estropea un buen inicio de paloma torcaz

Blaki barruntaba que nos íbamos de caza, pero esta vez no tocaba. Demasiado calor. En este viaje a la paloma me han acompañado Jorge, Nicolás, Josep Lluís y Miguel Ángel. Tras un viaje un tanto accidentado, a las 5:30 hemos llegado al parador de la Font de la Figuera. A las 6 en punto ya estábamos en la finca. Tras el oportuno sorteo, el organizador de la tirada nos ha ido colocando en los puestos. A mí, concretamente, me ha tocado el mismo sitio que el año pasado: el 3 por la mañana y el 9 por la tarde. Estaba situado en una rambla, junto a una torre eléctrica, con un enorme sembrado delante. Unas balas de paja, amontonadas unas sobre otras, han servido de pantalla, aunque llevaba barraca, pero las torcaces desconfían menos si lo que tienen delante es algo natural. Las palomas han entrado muy altas durante toda la mañana y solo he tenido ocasión de tirar a un par de ellas. No han hecho caso a los cimbeles colocados en tierra. Había que estar muy atento, porque entraba mucho palomo y no se le podía tirar.
Jorge en su puesto de la tarde (Foto: PS) Por la mañana, la temperatura ha acompañado después de unos días muy calurosos con temperaturas por encima de los 36 grados. Ha amanecido nublado y el tiempo parecía perfecto para la tirada. Mi compañero de puesto, Francisco, ha bajado un par de torcaces muy altos. Nada más comenzar la tirada ha cambiado el choque a una estrella. Yo, en cambio, no he podido colgarme ninguno. Jorge tampoco ha tenido suerte con el puesto de la mañana. Apenas tenía visibilidad, demasiado tapado y los puestos estaban muy próximos unos de otros. De no haber llovido, habría sido un buen puesto, ya que tenía una pequeña charca para que beban los animales. Han pasado bandos, pero muy altos. A las nubes. Aún así, hay cazadores que no conocen muy bien el alcance de los perdigones y disparan fuera de tiro. En los puestos alrededor de la casa y en los campos de almendros se oían muchos tiros, lo que hacía pensar que por otras zonas de la finca las palomas estaban entrando mejor. A las 11 hemos dado por terminada la jornada de la mañana. Algunos se han quedado a comer los gazpachos que había preparados, pero Jorge y yo hemos preferido irnos a casa a comer para regresar por la tarde. Hemos podido descansar un poco después de no pegar ojo en toda la noche por los nervios. Y es que unos días antes había visitado la finca y había visto muchos torcaces, por lo que las expectativas para esta jornada eran altas. Por la tarde hemos llegado con un poco de retraso debido a la tormenta que había caído en Fontanars dels Alforins, que había dejado 30 litros y algunas ramas rotas debido al fuerte viento. Nada más ponerme en el puesto he abatido un torcaz largo que entraba de pico y he errado otro. Se ha visto mucho palomo y poca torcaz. Algunos torcaces se entremezclan con los bandos de palomos que sirven de guía, por lo que hay estar muy atento a la hora de efectuar el tiro. Nicolás, Miguel Ángel y Josep Lluís han terminado con unas buenas perchas, en una jornada en la que la paloma torcaz se ha mostrado muy desconfiada, volando muy alto, pese a ser el primer día de la temporada. Los pronósticos que anunciaban tormenta por la tarde se han cumplido. A las 5 hemos tenido que abandonar el puesto y dar por terminada la jornada antes de tiempo, muy a nuestro pesar. La tormenta ha terminado estropeando lo que podía haber sido una buena tarde de palomas.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Todo preparado para mañana

Preparándolo todo para mañana y procurando que no me falte de nada: la barraca, la silla plegable, los cimbeles, … El almuerzo lo compraré en el bar donde hemos quedado en vernos antes de ir a la finca. He sacado y limpiado los choques y repasado las escopetas, echándoles algo de aceite a los mecanismos. Después de tirar, siempre limpio los cañones con una baqueta para eliminar los restos de pólvora que se quedan pegados al cañón. He abierto un par de cajas de cartuchos para echarlos al morral. Es más cómodo para llevar al puesto. Me llevo la superpuesta y la paralela. He cambiado los choques a tres y dos estrellas porque el año pasado entraban altas. Me gusta llevar siempre dos escopetas, por si me falla alguna. No sería la primera vez que me ocurre. Empezaré tirando con la superpuesta porque he perdido una pieza del guardamano de la paralela y no quiero tirar muchos tiros con ella, no sea que se rompa. La ventaja de la superpuesta es que me permite cambiar los choques. Si veo que entran más bajas, podría cambiarlos a cuatro estrellas y abrir más el tiro. El encargado de la finca me ha mandado un vídeo de uno de los cebaderos, con cientos de palomas revoloteando alrededor y otras paradas en los cables de la luz. La pinta no puede ser mejor. Pero con la paloma hay que ser siempre cautos. Nada más recibirlo, lo he reenviado a Nicolás, Miguel Ángel y Josep Lluis, que andan igual de nerviosos que yo. Para mañana se espera que bajen las temperaturas, algo de viento y lluvia a partir de las doce. Para esa hora ya habremos terminado la jornada de la mañana y tendremos tiempo para comer antes de volver a las cuatro. Con viento la paloma suele volar más bajo. El año pasado recuerdo que el viento me tiró varias veces la barraca, así que habrá que estar atento. Hemos quedado a las 5,45 horas en la finca para ir con tiempo. Hay que hacer el sorteo y, antes de que se haga de día, tenemos que estar en el puesto. Para el mediodía están preparados unos gazpachos manchegos. Me ha llamado Josep para decirme que esta mañana ha estado dando una vuelta por Moixent y ha visto mucha paloma. El fin de semana habían desaparecido, seguramente por la tormenta, y ahora que se ha despejado parece que han vuelto. Moixent es de los pocos sitios que siguen sembrando pipas. En Fontanars no se ven tantas palomas. Hace muchos años que no salgo allí y tengo pensado salir el primer día con Eduardo y Amadeo. Siempre que he salido a cazar lo he hecho con ellos. Además de amigos, son muy buenos cazadores. Con todo preparado, solo queda madrugar y esperar que mañana acompañe el día. La información que tenemos es buena, pero hasta que no estemos en el puesto y empiecen a entrar, no sabremos realmente cómo se presenta la mañana.