viernes, 13 de febrero de 2026
Amos y sirvientes en la caza
Acabo de ver el programa de la Sexta “Apatrullando”, presentado por el periodista Jalis de la Serna, y debo confesar que, como cazador con más de cuarenta años de experiencia a mis espaldas, no me he sentido identificado en ninguna de las dos vertientes de la caza que se abordan: ni en los cotos privados ni en los sociales. No existe ninguna rivalidad entre ambos.
En el primero se aborda la caza elitista de ojeos de perdiz en el coto La Nava, en Castellar de Santiago en Ciudad Real. He participado en innumerables jornadas, tanto en cotos privados como sociales, y les aseguro que la realidad es otra: la vestimenta es funcional, el equipamiento es estándar y las escopetas son de lo más normal. Nada que ver con lo que se muestra en el reportaje. Lo habitual son escopetas repetidoras del montón, y no abundan las armas italianas o inglesas de 150.000 euros, ni la gente va vestida a la moda inglesa. En el campo, el taco se comparte sobre el capó de un todoterreno también muy normal, no de alta gama o en el suelo, lejos del servicio de guante blanco de mayordomos y camareras con delantal y cofia que el programa muestra como norma habitual.
La caza de alto standing es minoritaria en nuestro país y representa un porcentaje muy pequeño. Lógicamente, los cotos privados buscan sacar una rentabilidad a su negocio a diferencia de lo que ocurre con los cotos sociales, cuya función no es ganar dinero sino que tienen otras finalidades, como es hacer la caza accesible a todos los bolsillos.
Jalis de las Serna acompaña a los cazadores que participan en el ojeo mientras su compañero, Miguel Rabaneda, acompaña a ojeadores, secretarios y cargadores para confrontar cómo es una jornada de caza en un coto privado y otro social. No se busca informar sobre la gestión cinegética, sino confrontar clases sociales.
El programa pretende establecer una comparación sesgada entre un coto de lujo extremo, que son una minoría y la caza social. Sin embargo, en el mundo de los cotos privados, la inmensa mayoría dista mucho de lo mostrado en el reportaje. El título elegido, “La escopeta nacional”, ya es una declaración de intenciones. Además hay una referencia a “Los Santos Inocentes”, en la que el organizador de una de estas cacerías no supo salir al paso, como si en la España actual todavía hubiera caciques, amos y sirvientes, como si Paco, “el Bajo”, el personaje encarnado magistralmente por Alfredo Landa y el señorito Iván, encarnado por Juan Diego, sigan siendo los protagonistas de nuestra España rural.
La realidad es que la caza se ha democratizado por completo y hoy es una actividad apta para todos los bolsillos. Hace décadas que dejó de ser un privilegio exclusivo de reyes o personajes ilustres de la alta realeza. De hecho, cazar en un coto social puede costar alrededor de 300 euros, una cifra muy alejada del elitismo que se ha querido proyectar.
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