viernes, 14 de noviembre de 2025

Por tierras manchegas

El viaje ha sido tranquilo con algo de niebla que comenzó a disiparse al llegar al Villar de Chinchilla. En Munera, varias águilas sobrevolaban el cielo en busca de alguna presa. Los tractores nos recuerdan que es tiempo de siembra y los agricultores se apresuran a sembrar aprovechando estas últimas lluvias. Ha hecho un día espectacular para cazar. A pesar de haber ido solo, la jornada se ha dado bastante bien. El lote que hemos cazado hoy, para mí, es el más complicado de todos, porque hay mucho monte con carrascas donde hay que estar muy rápido para tirar a las perdices. Requiere buenas piernas.
Con mi inseparable Blaki (Foto: Elías) En las dos semanas que han pasado desde la última vez que estuve, la perdiz ha cogido fuerza y tamaño. La lluvia de estos últimos días les ha sentado muy bien. El día no ha podido empezar mejor: he abatido tres perdices consecutivas, algo que te levanta el ánimo. Luego ha habido un par de errores, pero los que llevamos tiempo cazando sabemos qué no todo se puede matar, y que muchas veces hasta la perdiz más fácil se escapa. La perdiz detecta los cambios de tiempo y hoy buscaban refugio en el monte. El cazadero es duro, pero hay una buena densidad de perdices. Blaki y Trufa han estado sobresalientes en el cobro. Solo hemos perdido una perdiz que ha hecho la torre y que seguramente se habrá quedado atrapada entre las ramas de los árboles de tamaño gigantesco que hay junto a un pequeño arrollo. Todavía quedan algunos charcos de las últimas lluvias, donde los perros han podido refrescarse. Prefieren remojarse en el barro antes que beber agua limpia. Hoy se han visto pocos conejos, solo he podido tirar a uno que se ha escapado. Elías me ha hecho un pequeño ganchillo y he podido hacer un doblete de perdices. A mi derecha, una barra de perdices ha entrado al puesto, pero no había ninguna escopeta para cubrir ese hueco. He conocido a un auténtico apasionado de la caza. Elías ya me había hablado de él porque le ha acompañado en varias jornadas. He coincidido con él en la segunda vuelta. Hemos hablado un rato. Se llama Cristóbal, es médico, tiene 82 años y viene desde Tarragona, la mayoría de las veces solo. Caza con un precioso pointer de diez años que le acompaña en todas sus aventuras cinegéticas. Cuando lo he visto, llevaba ya cinco patirrojas en el zurrón. Según me ha contado Kiko, se conoce todos los cotos de Castilla La Mancha. Nos ha cedido su parte del lote donde estaba cazando porque se habían echado las perdices en las retamas. Ahí ha sido cuando he podido abatir tres perdices. De un reguero me ha salido una perdiz de los pies que he tocado, que luego ha hecho la torre. Con la escopeta ya descargada, me ha volado una segunda perdiz que le he visto todos los colores. Es lo que tiene llevar solo dos tiros. Las repetidoras son más eficaces y mortíferas porque el tercer tiro te ayuda en estas situaciones. Tirar tres tiros a una pieza es una barbaridad porque lo único que consigues es herir al animal. Sin embargo, el placer de tirar con una paralela no lo cambio por nada. Llegando ya al coche he abatido una perdiz larga que me ha enviado Elías y me he tragado otra que me ha pasado por encima de la cabeza y que me ha quitado la gorra porque no llevo sombrero. De regreso a casa, el día aún me guardaba una última aventura, seguramente por el cansancio acumulado. Me he equivocado al coger la autovía de Alicante y, sin darme cuenta, me he ido en dirección a Requena. El error me llevó por el interior y he podido conocer pueblos de la Manchuela que hasta hora desconocía, como Valdeganga, La Felipa o Chinchilla de Monte-Aragón. Un buen tour turístico improvisado hasta llegar a Almansa. Y, aunque ya era tarde para comer en El Rincón de Pedro, allí siempre tengo las puertas abiertas. Isabel, con su amabilidad habitual, me preparó un exquisito arroz meloso de carabineros que fue el broche perfecto para la jornada.

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