miércoles, 24 de enero de 2018

Maltrato animal contra un jabalí

Las duras imágenes en las que aparece un tipo zarandeando y golpeando a un joven jabalí indefenso hasta causarle la muerte que quedó atrapado en un canal de riego han saltado a las redes sociales y la Guardia Civil está investigando los hechos para dar con el hombre que se jacta de "hacer chorizos con él". No se tienen datos de dónde y cuándo fue grabado, pero la Guardia Civil ha pedido  la colaboración  ciudadana,  a través de su cuenta de Twitter para dar con el agresor.
Hechos que han sido condenados inmediatamente  por la Real Federación Española de Caza que está estudiando presentar acciones judiciales, una vez se  identifique al autor de la brutal agresión.
Este nuevo caso de maltrato animal contra un animal salvaje no es la primera vez que ocurre. Hace solo unos meses un grupo de senderistas despeñó a un jabalí desde lo alto de una ladera en los Picos de Europa ante el júbilo de los presentes.
El vídeo circuló también por las redes sociales, pero hasta donde yo sé, ninguno de los responsables de aquella brutal y cobarde agresión ha sido condenado.
El Código Penal  en su artículo 337 contempla penas de cárcel para el maltrato animal, pero en el caso del jabalí y de otras especies venatorias, al ser animales salvajes parece que no vaya con ellos el respeto que como seres vivos se merecen, siendo objeto de todo tipo de vejaciones.

lunes, 22 de enero de 2018

Apurando los últimos días de temporada


Hoy lunes he estado de nuevo en el Bonillo, apurando los últimos días que quedan de temporada y que por desgracia ya son pocos, pues se cierra el próximo día 8 de febrero. Esta vez ha sido mi amigo Miguel Montesinos quien me ha acompañado en esta aventura cinegética tan apasionante y divertida como es la caza.
De camino hemos parado a almorzar en el restaurante El Cruce en Barrax. Tras coger fuerzas, pasadas las 10 llegábamos al coto, donde nos esperaba como de costumbre Kiko para hacernos los pases. Conviene llevar siempre la documentación en regla porque el otro día estuvieron los forestales en el coto, pidiendo la documentación a una cuadrilla de cazadores y también las vainas para ver si las habían recogido. Si no es así te expones a una sanción.
Cesáreo tenía hoy el día libre, así que nos ha acompañado Manolo, también un experto cazador y muy buen conocedor del coto y de la querencia de las patirrojas.
La gran protagonista de la jornada de hoy no hemos sido ni Miguel ni yo, sino Jana, una podenca, que se las sabe todas, de ocho años y medio que ha sacado más de media docena de conejos, de los que Miguel ha revolcado cuatro.

Syrah esta vez no me ha acompañado porque no he ido en mi coche y Miguel ha traído con él a Jana y a Tom, un bretón, de poco más de un año, que promete mucho a tenor de lo visto. A mitad mañana ya nos sobraban las sudaderas. Parece mentira que estemos terminando el mes de enero y haga tanto calor y eso que por allí ha caído algún chaparrón y alivia algo pisar el monte. Nada que ver con la sequía que padecemos en la zona de Levante, que no cae agua  ni por casualidad.
Miguel es de los que todavía usa la indumentaria cinegética como los cazadores de antaño:  la canana y el  morral. Nada que ver con las modas de ahora de mochila y chaleco.
Nada más salir al monte se me ha ido una perdiz pinchada que la he cogido por abajo en  los dos tiros y  le he hecho plumas.
Al poco tiempo, Miguel tumba  una perdiz de ala, que los perros no ven, pero Manolo atento al lance corre por medio de un sembrado hasta darle alcance. Cuando hemos terminado la jornada cinegética le he preguntado con ironía si volvería a hacerlo. No es lo mismo echar a correr cuando estás fresco, que cuando ya llevas unas cuantas horas en el monte. Pero conociendo a Manolo, creo que volvería a repetirlo.
Mientras los lances se iban sucediendo porque hay mucha perdiz, algún tordo nos iba alegrando  la mañana con sus vuelos zigzagueantes.
Hoy he conseguido  hacer dos dobletes de perdices. El segundo ha sido espectacular porque me encontraba en medio de un barranco, junto a la acequia. A mi lado se encontraba Manolo. Miguel iba por arriba con los perros que iban algo adelantados. El monte no es muy espeso y los perros no cazan a la mano. Si hubiera más maleza aguantarían más. Las perdices al oír a los perros arrancaron  en la dirección en la que me encontraba yo, cogiendo mucha altura. Las he dejado que cumplieran y no me he precipitado en apretar el gatillo, abatiendo las dos perdices. Un lance de los que no se olvidan.
Como tampoco, la jornada de hoy en La Patirroja. Las perchas han sido espectaculares. Miguel se ha colgado 9 perdices y 4 conejos y yo, 14.
De camino a casa y como se nos hacía un poco tarde hemos parado a comer algo en Barrax que ganas y apetito no faltaban.



jueves, 18 de enero de 2018

Abaten 18 jabalíes en los montes de Fontanars


Debido a la alta densidad de jabalíes en la zona y a los destrozos que causan en los cultivos, este pasado domingo día 14 tuvo lugar la primera batida de jabalíes de la temporada en Fontanars dels Alforins. La mancha a batir fue en la zona de la Umbría desde el paraje de los Pinos hasta los Corrales de la Sénia.
Según alguno de los organizadores que participaron en la cacería se "erraron muchos guarros, pues se tiraron más de un centenar de tiros". En la batida, organizada por la sociedad de cazadores L'Alforí participaron 7 rehalas para un total de 60 puestos.


Durante el año pasado fueron atropellados en  la carretera  25 jabalíes, concretamente, en el tramo que va desde el final del puerto hasta la finca San Isidro, de apenas unos kilómetros de distancia.


miércoles, 20 de diciembre de 2017

Tercera jornada de caza en El Bonillo

Magnífico y completo día de caza este miércoles en el coto La Patirroja. Esta vez me ha acompañado mi amigo Mauro Matarredona. A las 10 en  punto llegábamos a El Bonillo, allí nos esperaba como de costumbre, Cesáreo.
Teníamos todo el coto para nosotros porque no había ninguna otra cuadrilla cazando. Mauro fue por bajo, Cesáreo por el centro y yo por arriba. Mantuvimos este orden a lo largo de toda la mañana.


Cogimos bien la mano desde el principio y eso se nota, además, el viento y el frío nos favorecía porque la perdiz aguanta más. Si te oye o te ve, estás perdido porque aunque sea perdiz de granja te da muy pocas opciones.
Cesáreo conoce muy bien la finca y la querencia de las perdices. Y es que Cesáreo es ante todo un cazador nato. Un amigo mío también cazador, Ramón Ferrero, siempre me decía que dar las patadas bien, cuesta lo mismo que darlas mal, pero los resultados no son los mismos. Y tenía mucha razón. La caza de la perdiz en mano requiere mucha astucia y una buena planificación. No se trata de salir al monte y echar a andar. Así solo conseguiremos fatigarnos.
La lluvia, aunque escasa, había hecho acto de presencia en La Mancha. El olor a romero se dejaba sentir en  el aire. Daba gusto andar por el monte. En las zonas de umbría todavía podía observarse la escarcha y el hielo de la madrugada que se quebraba a nuestros pasos.
 El primero en descolgar un par de perdices fue Mauro con un doblete de patirrojas. La segunda de ellas, la cobró Syrah cuando regresábamos al coche. Cogió bien el aire y dio con ella enseguida. Mauro y Cesáreo habían pasado por encima de ella un par de horas antes sin percatarse de dónde estaba. Y es que si no vas provisto de un buen perro es fácil perder caza. Y la norma de todo buen cazador es no dejar caza muerta o malherida en el monte.
La verdad es que Kiko tiene uno de los mejores cotos de caza intensiva de España. Muy bien gestionado.  Los bebederos y los comederos están llenos de agua y comida. De hecho, nos topamos con uno de los encargados de la finca que iba con un tractor, llenando los comederos de trigo. Tampoco en los caminos falta comida. La perdiz está fuerte. Algunos campos de cereales empiezan a verdear en esta época del año, lo que les asegura comida en abundancia para el invierno. El terreno es bastante cómodo de cazar, con una orografía típica del paisaje manchego de chaparros, retamas y carrascas.
Esta vez, aunque me llevé conmigo la Pedro Arrizabalaga, tiré con la  Mateo Mendicute, que le tengo más confianza. Mauro cazó con una repetidora del calibre 20, que le trae muy buenos recuerdos porque fue su primera escopeta y un regalo de su padre. Algo cerrada ( 2 estrellas), pero lo compensó, tirando un cartucho más abierto de octava y 32 gramos. La ventaja de tirar con una escopeta del 20 es su ligereza y eso cuando llevas unas cuantas horas en el monte, subiendo y bajando barrancos o cruzando barbechos y sembrados se agradece. Podemos estar hablando de un kilo menos de peso y eso en un arma es mucho. Y cuando tienes ya algunos años a la espalda como es mi caso,  aún más. También es verdad que al pesar menos son más pegonas. Pero si vas a  tirar pocos cartuchos, poco importa eso. Cosa distinta es si vas a pegar muchos tiros. Entonces puedes terminar con el hombro dolorido y la cara hecha un cromo.
Syrah anduvo un  poco más tranquila.  Es la tercera vez que sale a cazar esta temporada. En el cobro estuvo espectacular. No dejando ninguna perdiz en  el monte. En cuanto se serene un poco será una perra magnífica.
Yo había descansado la noche anterior y anduve muy certero y muy rápido de reflejos, colgándome una docena de perdices, pinchando otras dos,  con 25 cartuchos. Abatiendo perdices a corta, media y larga distancia, errando solo un par de ellas.
Mauro, que como él me dijo se lo pasó "bomba" se colgó 9 patirrojas, pese a que le falló la escopeta en varias ocasiones, en una jornada que tuvo como colofón final unos suculentos gazpachos en el Restaurante El Rincón de Pedro en Almansa.


lunes, 11 de diciembre de 2017

Segunda jornada de caza en El Bonillo

Esta semana de puente he vuelto a El Bonillo en compañía de mi mujer Dolores. No pegué ojo en toda la noche por los nervios  de ir a cazar y eso después se nota porque el cansancio es mala compañera.
Durante el viaje cogimos algo de niebla antes de llegar a Albacete, después ya se despejó y tuvimos un buen trayecto hasta llegar a El Bonillo. Mi mujer Dolores preparó unos deliciosos bocadillos de chorizo ibérico con queso para chuparse los dedos. Esta vez no se nos olvidó coger la bota de vino, que rellenamos con un buen caldo.
Cuando llegamos a El Bonillo nos esperaba puntual, como siempre, Cesáreo.  Recogimos el permiso para cazar, que previamente había cumplimentado Kiko y nos fuimos a la finca.
En el camino de entrada a la finca era un espectáculo ver las perdices delante de nosotros, apeonando y cruzándose entre ellas. No le tienen miedo a los coches. Están acostumbradas. Cosa distinta es cuando vas con la escopeta en la mano y a pie. En ese momento saben guardar muy bien las distancias.
Esta vez a diferencia de la jornada anterior cazamos en otro  lote, con abundancia de chaparros, retamas y esparteras. Anduvimos un buen rato, sin pegar ni un solo tiro. A pesar de que unos días antes había llovido, el campo sigue muy seco y la caza va muy delante porque nos oye. Si no eres capaz de hacer bien la mano y meter la perdiz en el monte, después de haberlas volado varias veces, tirar  a una patirroja en un rastrojo  es muy complicado porque no te deja muchas opciones y vuela muy larga. En días con viento es otra cosa porque la perdiz aguanta más.
Empecé la mañana con la Mateo Mendicute, pero solo pude tirar a dos perdices, de las que me colgué una ,pudiendo haber hecho un doblete, pero erré la segunda. A la hora del taco cambié de escopeta y cogí la Pedro Arrizabalaga, que aún no había tenido ocasión de probar, después de recogerla de la armería y hacerle algunos cambios en la culata y en el gatillo. Es algo cerrada, sobre todo, el segundo cañón que tiene 11 décimas, una estrella cerrada, aunque para la perdiz al salto no es una mala opción, teniendo en cuenta la distancia a la que salen en esta época del año y muchos tiros los hacemos a más de 45 metros.
Me hubiera gustado plomearla antes para ver como hace el tiro, si alto o bajo, pero no fue posible, así que, qué mejor ocasión para probarla que un día de caza. Dicho y hecho.
Aunque en este caso, el estreno no fue muy provechoso que digamos, y erré la primera perdiz, que a priori no entrañaba ninguna dificultad. Pero hasta las más fáciles se fallan. Afortunadamente, la cosa mejoró y a continuación abatí un conejo y una perdiz larga a la que le tiré de saque, sin apenas tiempo de apuntarla, que es como se mata la caza. Tampoco es que diera muchas más opciones.
En el cielo, las siluetas de las águilas nos observan mientras cazamos. También ellas están buscando algo que llevarse al buche.
Syrah levantó mucha caza, sacándome de tiro en  muchas ocasiones. Se adelanta demasiado, es muy nerviosa y malogra muchas oportunidades. Debe serenarse para que formemos un buen tándem. Aún es joven y tiene mucho tiempo por delante.
Luego me tragué dos seguidas. Una de ellas, la sacó Syra, llegando al coche, de dentro de una mata. Cesáreo contuvo la risa y dijo que él no había visto nada. A lo que yo asentí cabizbajo con la cabeza.
Sobre las dos del mediodía dimos por concluida la jornada cinegética. Cuando salíamos por el camino en dirección a la casa, Césareo nos avisó de las perdices que íbamos a ver. Efectivamente, no se equivocó.

 De regreso a casa, paramos como de costumbre en el Restaurante Casa Valencia de Almansa, donde nos prepararon un delicioso arroz seco de bogavante, de los mejores arroces que he probado en mi vida, regado con un excelente Marqués de Cáceres, crianza.  El arroz no era del todo seco ni tampoco meloso. Estaba en su punto de cocción. De aperitivo no podía faltar la ensaladilla de sepia  y las croquetas de jamón y pollo.

Huroneando por tierras de Fontanars

Fantástico día de conejos con hurón en la finca de un amigo mío en Fontanars del Alforins.  Una magnífica finca de caza menor en plena Toscana valenciana con cerca de 200 hectáreas  de viñedos, olivares y almendros. Día completo porque por la tarde hemos ido un rato al tordo a la choca, que es cuando entran a dormir a poca noche.
A pesar del gélido día y del fuerte viento que ha arreciado durante todo el día, estamos en plena ciclogénesis explosiva,  la jornada se ha dado muy bien y "Ronaldo" ha hecho un trabajo extraordinario, con un par de lances memorables.


Cuando oyes las carreras bajo tierra, debajo de tus pies, que parece que haya un pequeño terremoto alrededor, el corazón se te pone a mil por hora.  La adrenalina se dispara. Y esto ha ocurrido hoy en un par de ocasiones.
Ronaldo es mucho Ronaldo. Hoy ha dado buen ejemplo de ello. Tras esperar casi media hora en la boca de la madriguera, al final el resultado ha dado sus frutos. No ha sido uno sino dos los conejos  que han  salido a la carrera a una velocidad endiablada.
Hemos echado el hurón en varias bocas, en aquellas que veíamos que no estaban muy huroneadas. Si la tierra está movida o hay excrementos cerca, buena señal. Otra cosa es que el conejo esté dentro de la madriguera porque puede estar fuera, comiendo.
En un par de ocasiones, el conejo se ha percatado de nuestra presencia, echándose atrás y entrando de nuevo en la madriguera.  Ese conejo ya está resabiado y le costará más tiempo salir. Son  muy astutos y listos.


Para evitar que esto ocurra, conviene no ponernos delante de la madriguera sino un poco más atrás, dejando libre la boca y, sobre todo, es importante que no les dé el viento porque nos delatará enseguida. Todas las previsiones que tomemos son  pocas.
Cuando echamos el hurón en una zona con mucha piedra, hay que armarse con un poco más de paciencia de la habitual porque aunque a nosotros nos parezca fácil dar con el rabudo debajo está lleno de intrincadas y angostas galerías que hacen muy difícil dar con él. Si, además, en el interior hay gazapos, algo muy habitual, pues las conejas están cada dos por tres pariendo, la espera puede ser interminable.
La caza del conejo con hurón es una práctica cada vez más extendida por los cuantiosos daños que los lagomorfos causan en las cosechas y que lleva de cabeza a muchos agricultores.
En la finca que hoy hemos estado cazando, con cerca de 80 hectáreas de viñedo y algunas plantaciones nuevas, abatir conejos con hurón se ha convertido en una obligación para el propietario que lucha para sacar adelante sus explotaciones.


sábado, 11 de noviembre de 2017

Empezando la temporada: de caza en El Bonillo

Debido al intenso calor que ha estado haciendo hasta bien entrado el otoño, este año he optado por esperarme hasta el mes de noviembre para ir a cazar, a la espera de que bajen algo las temperaturas. En octubre rondaban los 27 grados. Demasiado calor para ir a cazar. Es más propio ir a la playa con estos calores que salir al campo detrás de las perdices.
Casi un mes después de abrirse la veda me fui a El Bonillo, al coto La Patirroja. Esta vez me ha acompañado mi mujer Dolores, que aguantó estoicamente las 3 horas que estuvimos cazando.
Cuando llegamos a la casa nos esperaba Francisco. Cesáreo esta vez no pudo acompañarnos porque estaba con otra cuadrilla. Kiko el dueño de la finca, ya tenía preparado el permiso para cazar. Así que fue recogerlo y subirnos al coche.
Nos quedaban un par de kilómetros hasta llegar al lote que nos había tocado.
Nada más llegar al coto empezamos a ver los primeros bandos de perdices, que parecían no tenerle miedo al coche. El camino es un reguero de perdices.  En los comederos, pero también en los caminos hay comida en abundancia.
Este viaje me traje también  conmigo la Pedro Arrizabalaga que esperaba estrenar después de unas modificaciones que le había hecho en la culata y en el gatillo, pero tendrá que esperar mejor ocasión porque al final tiré con la Mendicute.
Syra, que cobró muy bien, anduvo muy nerviosa, volando perdices sin parar. Cuando se tranquilizó, cazo más a la mano. Normalmente, los labradores que son muy buenos cobradores suelen ser perros  tranquilos que no andan espantando la caza. No me gusta ponerles collar y andar con el mando a toda hora.


Al poco de salir arranca una perdiz del barbecho que abato, tras meterle un par de perdigones en la cabeza. Apenas la toqué, pero un plomo en la cabeza es suficiente para derribarla.
He cambiado de munición. Hasta ahora siempre tiraba Armusa PLa 1, séptima ,de 34 gramos. Las escopetas paralelas suelen ser bastante más pegonas que el resto de las armas, así que este año he optado por tirar 32 gramos. La diferencia es considerable y me encuentro más cómodo. Esos dos gramos de diferencia entre un cartucho y otro se notan. Y en verano con el calor más aún, por lo que es preferible tirar munición más suave. Nuestro hombro lo agradecerá.
Las perdices apeonan a larga distancia. El terreno está muy seco. Apenas ha llovido. El ruido de nuestras botas al pisar el terreno nos delata y la caza va delante. Syra me saca de tiro varias perdices. El guarda me avisa de que aguante a la perra o tiraremos las perdices fuera del coto. Dolo me sigue a corta distancia, avisándome de los bandos de perdices que se ven a lo lejos.
A mitad mañana hicimos un receso y nos  tomamos unos bocadillos de chorizo con queso, con pan recién hecho que nos supieron a gloria bendita. Nada como comer en el monte. Aquí todo sabe distinto. Nos faltó echar la bota con el vino.
Tras el taco, continuamos en el monte detrás de las patirrojas, cobrando alguna pieza más y errando otras. Francisco va dirigiendo la mano. Nos adentramos en una zona de esparteras muy querenciosa para las perdices, pero, sobre todo, para los conejos. Vuela una perdiz hacia abajo a una velocidad endiablada, que engancho de segundo tiro. Syrah va como una flecha en dirección hacia ella. Me espero a que la cobre. Al ver que tarda, decido bajar. La perra no lleva la perdiz en la boca. Francisco que se percató del lance también se acerca y vemos el pelotazo, y un montón de plumas, pero ni rastro de ella. Continuamos cazando y al  poco Syrah da con ella. La perdiz a pesar del pelotazo estaba de ala. Era un macho viejo que había sobrevivido a varias batallas.
Sobre las 13,30 dimos por concluida la jornada, con media docena de perdices en el zurrón y un conejo.
De regreso a casa, paramos como de costumbre en el Restaurante Casa Valencia de Almansa, donde Daniel nos preparó un deliciosa paella de verduras. De entrada: croquetas  de jamón y pollo y una deliciosa ensaladilla de sepia de bocas de mar. Día redondo.