viernes, 11 de abril de 2025

Biblioteca cinegética

Mi tío Vicente Simó era un gran cazador y un gran apasionado a la lectura. A lo largo de su vida participó en innumerables safaris en África. Recorrió casi todo el continente africano cuando los safaris eran otra cosa. Estamos hablando de los años 60 y70, cuando muy pocas personas se atrevían a ir a África para cazar elefantes. Recuerdo que, entre sus muchas armas, tenía un rifle de cerrojo Holand&Holand, aunque no sabría precisar el calibre. Era una auténtica joya. Junto a sus innumerables trofeos de caza tenía una espléndida biblioteca cinegética. Algunos de estos libros son imposibles de conseguir hoy en día. Concretamente, hay uno muy curioso, escrito por Milans del Bosch y titulado “La Caza. Utilidad de conservación”. En él, el general escribe: “La perdiz es la alegría de campos y valles; la conservadora de las mieses; la poesía de los festines”. En otro, el barón de Cortes escribe sobre el cazador valenciano y, en la última parte del libro, hace referencia a algunas cacerías en la Muela de Cortes, donde da cuenta de las perdices abatidas. Sobre los perros de caza escribe: “No hay placer ni satisfacción igual al que siente un cazador al ver a su perro favorito entrando a una perdiz con la cola recta, la barriga por el suelo, volviendo la cabeza de vez en cuando a ver si le sigue su amo” La bibliografía existente en materia cinegética es muy abundante, sobre todo en lo que se refiere a la caza mayor. Portada del libro
La colección contiene ejemplares como el que, para mí, es el mejor libro que se ha escrito sobre la caza: “La caza en España”, del conde de Yebes. Puede que sea el libro más importante y con más información sobre la caza en España. En él colaboraron más de cuarenta cazadores, entre ellos el conde de Yebes, el marqués de Laula, Gutiérrez Arrese o Alfonso Urquijo. Solo se hicieron 1.500 ejemplares de esta obra, que cuenta con la firma de algunos de los mejores escritores venatorios de la época. Contiene unas ilustraciones y unas fotografías magníficas. Gracias a mi primo Vicente Simó y a mi sobrino Vicente Barrera, tengo parte de esta colección de libros que se encontraban en la finca La Clariana, y que mi tío fue recopilando a lo largo de su vida. Las encuadernaciones son de lujo y, en la mayoría de los libros, aparece su nombre en una pegatina. Son libros que, más allá de su valor bibliográfico, conservan también una parte de la historia de mi tío y de una época en la que viajar a África para participar en un safari era una aventura al alcance de muy pocos.

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