lunes, 1 de junio de 2026
Mal comienzo de la temporada de tiro al plato
Llevo un comienzo de temporada de tiro al plato bastante malo. El peor de los últimos años. Y cuando digo años, me refiero a los últimos 24, desde que empecé a llevar una pequeña estadística de mis resultados.
En las primeras 18 series que he tirado, solo en cuatro he conseguido superar los 20 platos. Estoy convencido de que la culpa no es ni de la escopeta ni de los cartuchos. Llevo más de cinco años tirando con la misma escopeta y utilizando los mismos cartuchos, y mi media habitual rondaba los 21 platos.
Tiro habitualmente en el campo de tiro de Vallada todos los sábados por la tarde. No es un campo fácil. En determinadas condiciones cuesta ver bien la salida de los platos, especialmente en los días nublados, cuando la visibilidad y el contraste son bastante peores.
Como ocurre con muchos tiradores, yo también tengo mis manías, y he llegado a plantearme cambiar de escopeta para ver si mejoran los resultados. Había pensado en comprar una Browning 825 S3 Trap. Actualmente tiro con una Perazzi 2000, una excelente escopeta que siempre me ha dado muy buen resultado.
Las Perazzi, y en general la mayoría de las escopetas de foso, suelen hacer el primer disparo alto porque el plato siempre está subiendo y se busca verlo por encima de la banda. En esta modalidad se busca que la escopeta tire un 70/30 u 80/20, e incluso más alto en algunos casos, ya que el plato siempre sale ascendiendo y conviene mantenerlo visible por encima de la banda.
Mi forma de tirar es de saque, lo que en ocasiones me lleva a precipitarme y a no juzgar correctamente la trayectoria del plato. Con el tiempo he aprendido que tirar rápido no significa romper más platos. De hecho, muchas veces ocurre lo contrario: la precipitación hace que se falle un plato que, con una décima más de observación y control, probablemente habría terminado roto.
La teoría la conozco perfectamente, pero una vez en la cancha aparecen los nervios.
En el tiro al plato, la concentración es un factor fundamental. Cualquier distracción, por pequeña que sea, puede ser suficiente para errar un plato. Basta un pensamiento ajeno al disparo, una preocupación por la puntuación o un fallo anterior para perder la atención necesaria durante unas décimas de segundo.
No es casualidad que los tiradores de élite dediquen tanto tiempo a la preparación mental. Muchos cuentan con la ayuda de psicólogos deportivos para aprender a gestionar la presión, controlar los nervios y mantener la concentración durante toda la competición. A medida que aumenta el nivel, las diferencias técnicas entre los tiradores son cada vez menores, por lo que el aspecto psicológico adquiere una importancia decisiva.
En mi caso, sé que gran parte de mis problemas actuales son la falta de concentración y un nivel de exigencia excesivo. Cuando aparecen los nervios, tiendo a precipitarme en el disparo y a no valorar correctamente la trayectoria del plato. La clave está en conseguir que la mente se mantenga tranquila y centrada en el plato que acaba de salir, sin pensar ni en el resultado ni en los errores anteriores.
La temporada aún no ha terminado. Todavía quedan un par de meses hasta octubre, tiempo que espero aprovechar para corregir mis defectos y recuperar la confianza en mí mismo.
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