martes, 14 de julio de 2026
Otro año sin perdices
Desde hace años tengo la finca dentro de la reserva de caza y, un año más, no se ve ninguna perdiz. Lo mismo pasa en el resto del acotado de Fontanars dels Alforins. La perdiz prácticamente ha desaparecido de nuestros montes, hasta el punto de que verla se ha convertido en una excepción cuando antes era algo habitual.
Este año no caben excusas de carácter climatológico. La primavera ha sido favorable para la reproducción de la perdiz. Es cierto que en temporadas anteriores la sequía pudo afectar seriamente al éxito de la cría, pero este año el problema responde a causas mucho más profundas que conviene afrontar de una vez por todas.
Desde la sociedad de cazadores son reacios a realizar sueltas para repoblar el coto. Sin embargo, otros municipios cercanos, como Moixent y la Font de la Figuera, sí lo han hecho con buenos resultados. Vallada, por su parte, lleva años repoblando sus montes con perdiz de granja. Cuando se abre la veda, los cazadores salen con sus perros y disfrutan simplemente con localizar las perdices, verlas arrancar el vuelo o contemplar el trabajo de los perros de muestra. La caza no consiste únicamente en abatir piezas; también es el contacto con el monte y la emoción de encontrar caza allí donde parecía haber desaparecido.
Yo mismo fui durante mucho tiempo contrario a las sueltas de perdiz, por considerar que la prioridad debía ser la conservación de la población autóctona. Sin embargo, la realidad actual obliga a replantear esa postura. Con la perdiz prácticamente desaparecida de nuestros montes, creo que la repoblación controlada se ha convertido en la única alternativa viable para recuperar la actividad cinegética y evitar la desaparición del coto.
La escasez de piezas está provocando que muchos cazadores dejen de sacar el talón de temporada. Actualmente la sociedad cuenta con apenas 56 socios y año tras año, las bajas continúan aumentando. Si a ello añadimos la falta de relevo generacional el futuro del coto resulta cada vez más incierto y el riesgo de su desaparición es una realidad que no puede ignorarse.
Si esta tendencia no cambia, al coto de Fontanars le quedan pocos años de vida. Los cotos sociales, a diferencia de los privados cumplen una importante función social, ya que permiten practicar la caza a personas con recursos económicos más modestos. Pero mantener un coto de caza, sea privado o social, tiene un coste elevado: hay que llenar las charcas, mantener los comederos, limpiar caminos, realizar siembras para la fauna cinegética, controlar los depredadores y llevar a cabo labores de guardería, entre otras muchas tareas. Si llenar la cesta de la compra cuesta cada vez más, resulta difícil pretender que la gestión de un coto siga costando lo mismo que hace una década.
Los cotos sociales necesitan una gestión cinegética eficaz. Sin gestión no hay caza. No es razonable que, en pleno mes de julio y con las altas temperaturas que estamos sufriendo, las charcas permanezcan vacías o que los comederos carezcan de alimento, argumentando que no se llenan para no atraer a depredadores.
La perdiz autóctona ha desparecido prácticamente de nuestros montes y no puede atribuirse este hecho únicamente a la perdiz de granja ni a los cazadores. Las causas de su declive están ampliamente estudiadas y no insistiré mucho sobre ellas porque todos las conocemos: la intensificación de la agricultura, el uso de pesticidas, la pérdida del hábitat natural y el aumento de determinadas poblaciones de depredadores sobre todo jabalíes han reducido drásticamente su población. Antes, la perdiz criaba en ribazos y en viñas en vaso, hábitats que hoy prácticamente han desaparecido. En su lugar se extienden grandes superficies de viñedo en espaldera, fruto de la transformación del paisaje agrícola, que ofrecen mucho menos refugio y protección para la fauna silvestre.
La caza forma parte de nuestro patrimonio rural. Defenderlo corresponde únicamente a los cazadores.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario