domingo, 21 de diciembre de 2025

A mi perrita Syrah

Hoy he tenido que tomar la decisión más difícil de mi vida. Después de casi diez años de lealtad y cariño incondicional, decir adiós no ha sido nada fácil. Esta noche, casi sin fuerzas, ha intentado subir a mi habitación como hacía todas las noches cuando se encontraba bien. Siempre ha dormido conmigo a un lado de la cama. De madrugada me despertaba moviendo el rabo para que la bajara a hacer sus necesidades. Syrah ha sido parte de mi vida. Me ha dado enormes satisfacciones y, a su lado, la vida me resultaba más fácil. Cada día aprendo más de los animales, y ella ha sido una gran maestra.
Syrah llegó a mi vida en abril de 2016, poco después de que me atropellaran en la carretera a Duba, una preciosa labradora de poco más de dos años, color chocolate. A los poco días me la trajeron. Tenía tres meses y ya era una preciosidad: Regordeta, con unos ojos color miel muy expresivos que nunca olvidaré. Desde entonces no se ha separado de mí, ni yo de ella. Era única. Solo le faltaba hablar. Me ha dejado un vacío inmenso. No tendré otra perrita igual que me de tanto amor y cariño. Hace unos años dejó de acompañarme a cazar por una displasia de cadera. Ha sido la mejor perrita que he tenido, junto a Sénia.Tenía una gran afición y cuando ya no me la llevaba, sabía cuándo me iba a cazar. Tenía que engañarla, aunque era imposible, porque era muy lista. Le encantaba bañarse en la piscina. Incluso ahora, que ha estado muy malita, lo seguía haciendo. El otro día, cuando veníamos del veterinario, lo primero que hizo al llegar a casa fue darse un chapuzón. Daba igual si era verano o invierno, hiciera frío o calor. Disfrutaba, como los niños, pisando los charcos. Cogía palos y piedras y los entraba a casa. Conservo algunos de estos objetos sobre la cómoda de mi habitación. Syrah ha significado para mí algo mucho más que un animal de compañía. Ha sido parte de mi familia, un miembro más. Leal, buena, cariñosa, inteligente, obediente… no hay suficientes adjetivos para describirla. Era puro amor. Le gustaba que la abrazara. Tenía una mirada muy expresiva. Hay perros que son muy especiales y Syrah lo era. Contigo se ha ido una parte de mi vida.Ya nada será igual sin ti. Ha sido mami dos veces. De su última camada tengo dos hijos suyos: Lía y Blaki que ahora tienen dos años y 9 meses. Marta, la veterinaria que la ha atendido, se ha desvivido por sacarla adelante. Ha hecho todo lo que está en sus manos de forma admirable, pero la leishmania, y más cuando empieza a afectar a órganos vitales como el riñón, tiene muy mal pronóstico. En febrero hubiera cumplido diez años, si esta maldita enfermedad no se hubiera cruzado en nuestro camino. Siempre fue una perra fuerte y sana y hasta el final de sus días siguió demostrando un espíritu valiente. Aunque ya no estés conmigo, seguirás durmiendo a mi lado.

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