miércoles, 31 de diciembre de 2025

Cuaderno de caza: cuarenta años de memoria en el campo

Desde 1987 llevo un cuaderno en el que anoto cada jornada de caza en las que he participado, con el número de piezas abatidas y algunas anotaciones. La primera de estas entradas data de julio de 1987. Aquel día abatí seis conejos en Ossa de Montiel, en el coto de Peñadorada. Cazaba entonces con una repetidora Beretta 303. Aquel cuaderno, escrito hoja a hoja, es hoy un recorrido por más de tres décadas de campo, perros, viajes y amaneceres. El 12 de octubre de 1992 me colgué doce perdices. Hubo otro día de diez el 10 de octubre de 1993 y dos jornadas más de nueve. Entonces no había perdices de suelta. Eran otros tiempos para la reina del monte. La codorniz tampoco faltó a la cita. En Peñadorada hubo dos jornadas memorables, con trece y once piezas. Y en Torre de Juan Abad, donde tuvimos un coto durante un par de temporadas- muy querencioso también para la liebre-, se dieron días de cinco liebres en 1992 y 1995, además de otro de cuatro en octubre de 1993. En 1999 cambié de escopeta y pasé de la Beretta 303 a la Urika. Entre diciembre de ese año y agosto de 2008 abatí 1.106 conejos. Hubo perchas difíciles de olvidar: 23 rabudos en una jornada por la mañana, y 18 el 16 de octubre de 2004, todas ellas en Peñadorada, un coto que siempre fue sinónimo de conejo. La liebre también tuvo años de abundancia, al contrario de lo que ocurre ahora. El 14 de octubre de 2000 me colgué nueve. Hice un doblete tras una muestra de Rocco, de esas que se quedan grabadas para siempre en la retina. Durante estos casi cuarenta años, el pato también ha sido protagonista de innumerables lances en una laguna natural, escenario de amaneceres y esperas memorables. Hubo también jornadas con temperaturas gélidas, de varios grados bajo cero. El 10 de diciembre de 2005, el termómetro marcaba -5,5 ºC. El 28 de diciembre de 1996 me acompañó Rocco por primera vez a cazar. Aquel día no hubo demasiada suerte y solo pude abatir una perdiz. El segundo viaje ya se dio mejor y me pude colgar cuatro perdices y un conejo. Después de Rocco vino Sénia, una preciosa labradora negra con la que he compartido jornadas de caza inolvidables. El 12 de julio de 2007 hizo su primer viaje conmigo. Tras Sénia tuve otra labradora color chocolate, Duba. Me acompañó por primera vez el 22 de diciembre de 2014. Por desgracia, solo estuvo conmigo dos años. Fue una perrita muy buena. Como no entiendo la caza sin perro, Syrah ha sido mi mejor compañera durante todos estos años. He compartido jornadas de caza con amigos y compañeros inolvidables, alguno de los cuales ya no están entre nosotros, como Miguel Ferrer, Pepe Sala, Pepe Mora, o Miguel Ferrero. Otros fueron mis maestros, como Paco Sanchis o Ramón Ferrero. La Beretta superpuesta también tuvo su papel en el cuaderno, con jornadas destacadas, entre ellas dos ojeos en el coto de la Sierrecilla, con los Venera, saldados con perchas de 57 y 30 perdices. En Casas Juntas, cazando el conejo con hurón, el contador se detuvo en 140 piezas. En julio de 2008 llegó la paralela, una preciosa Mateo Mendicute que aún hoy me acompaña. Con ella siguieron las buenas jornadas de conejo- perchas de 17, 13 u 11- y algún día notable de codorniz, con diez y nueve piezas. Peñadorada seguía respondiendo, fiel a su historia. El balance global de todos estos años habla por sí solo: 1.881 conejos; 258 liebres; 1.754 perdices; 513 torcaces;293 palomos; 249 codornices; 129 tórtolas, 95 patos; 588 tordos y 22 urracas. Muchas horas de viajes a lo largo de todos estos años. Noches de insomnio. Muchos kilómetros recorridos. Solo a Peñadorada, 297 viajes; 72 a Torre de Juan Abad. Muchas jornadas de vacío. De todos los cotos en los que he cazado, donde más he disfrutado ha sido en Peñadorada, en Ossa de Montiel, un coto que tuvimos durante muchos años y que guarda una parte muy importante de mi vida de cazador, escrita día a día en aquel cuaderno.

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