jueves, 11 de diciembre de 2025

Crónica de caza en El Bonillo

Viaje con mucha niebla hasta Munera. En El Bonillo, un sol radiante nos recibe generosamente, anticipándonos una buena jornada de caza en compañía de buenos amigos. Los milanos revolotean el cielo azul en busca de alguna presa fácil. Al entrar al cazadero comenzamos a ver las primeras perdices que zigzaguean por el camino. Tras varias horas en el coche, Blaki está impaciente por bajar. Hoy hemos tenido casi toda la finca para nosotros, así que no había excusas. Comenzamos la mano batiendo una zona poblada de carrascas, muy querenciosa para las perdices.
Jorge y Mauro van de puntas, mientras Elías y yo cogemos el centro. Mauro es el primero en estrenarse bajando una perdiz enviada. Las ladras de los perros de Jorge tras los conejos animan las primeras horas de la mañana. Los jabalíes han estado esta noche hociqueando en los sembrados. El campo está inmejorable después de las últimas lluvias, y los perros se refrescan en los charcos que encuentran en su camino. Mauro le ha cambiado el punto de mira a la Víctor Sarasqueta de Jorge y no ha podido tener mejor estrene. También hoy las paralelas han sido las protagonistas de la jornada. Aunque al punto de mira se le hace poco caso en la caza- porque es un tiro intuitivo-, no deja de ser una buena referencia, sobre todo cuando hay poca luz y ayuda a seguir mejor la pieza. Tras errar la primera perdiz, luego he abatido un par de patirrojas consecutivas. Trufa, la perrita de Elías, ha cobrado a Mauro una perdiz alicortada de las de quitarse el sombrero. Blaki ha cazado muy bien, aunque algo fuerte, desbaratando algunas oportunidades. Las perdices apeonan largas y es muy difícil controlar a los perros para que cacen a la mano. Tras una muestra, ha estado a punto de coger una perdiz que estaba emboscada. Cuando ha volado he decidido no tirarle porque estaba muy ceca el perro, y ante la duda, es mejor esperar otra oportunidad. Lástima, porque estas perdices son las que hay que matar a los perros para que se piquen con la caza. He conseguido hacer un doblete, pero la segunda perdiz, que ha caído de ala, no la hemos encontrado. A la menor pizca de vida se meten en un agujero o entre las piedras y desaparecen. Blaki saca un conejo en el monte, pero no he podido tirarle. Más tarde he errado otro en la densa vegetación de romeros y esparteras.Con los perro que lleva Jorge podía haber hecho un saco, solo en una mancha de la finca. Tras el taco, hemos ido a una zona que estaba por cazar. Las perdices están en los sembrados manteniendo la distancia. Se las saben todas. Mientras Mauro y Jorge van por bajo, entre las retamas, yo me subo hacia unos montones de piedra que están en medio de los sembrados y que sirven de refugio a las perdices ante la amenaza de las rapaces. Yerro dos perdices muy buenas, pero consigo abatir otras dos patirrojas. Una de ellas hace pelear a Blaki en el sembrado. Como vienen malas fechas por la Navidad y seguramente hoy sea el último día del año hasta después de Reyes en que nos volvamos a ver, apuramos la mañana todo lo que pudimos y con un balance final más que satisfactorio.

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