viernes, 24 de julio de 2026

La codorniz: la reina de la media veda

Mis inicios cinegéticos fueron tras la codorniz, en Calamocha, con mi amigo Paco Sanchis y su perro Adolfo. Allí conocí a Ramón Ferrero, con quien he compartido innumerables jornadas de caza. Por entonces cazaba con una repetidora Franchi que compré a mi cuñado y que todavía está en uso porque se la vendí a un amigo que aún la conserva y caza con ella. La caza de la codorniz exige buenos perros. Es un ave que apeona mucho y resulta muy difícil dar con ella. Puedes pasar a escasos metros de una codorniz y, si no llevas un perro con una buena nariz, permanecerá inmóvil, perfectamente camuflada entre el rastrojo o el cereal. Son especialistas en camuflarse. Su plumaje se confunde a la perfección con los tonos del cereal y del rastrojo. Se mimetizan muy bien con el terreno, como la liebre.
Es una modalidad en la que el trabajo del perro resulta fundamental. El cazador disfruta viendo cómo busca el terreno, cómo ventea y cómo termina encontrando la pieza. El disparo, por lo general, no suele entrañar gran dificultad. La codorniz no realiza vuelos tan largos como la perdiz y, si se marca bien el lugar donde vuelve a posarse, es frecuente poder levantarla de nuevo. Eso no significa, ni mucho menos, que no se fallen codornices. Para cazarla suelo emplear cartuchos de 32 gramos con perdigón del número 9 y choques abiertos. Oírlas cantar en el trigal a primera hora de la mañana es uno de los mayores placeres que puede experimentar un cazador. Son momentos que permanecen para siempre en la memoria. He disfrutado especialmente cazándolas en Peñadorada, en Ossa de Montiel. No se abatía un gran número de ejemplares, pero sí los suficientes para pasar una magnífica mañana entre amigos, perros y campos de cereal. En Palencia, zona por antonomasia codornicera, como lo es toda Castilla y León han puesto un cupo de 20 codornices por cazador y día. Confieso que nunca he llegado a colgarme tantas. Un amigo mío, Juan Carlos Palomares, acude todos los años durante la media veda a los campos de Teruel y siempre me comenta lo mismo: cada temporada ve menos codornices que la anterior. Amenazas para la codorniz Cada vez el cereal se cosecha antes y la paja se recoge con mayor rapidez. Las cosechadoras destruyen numerosos nidos y muchas puestas se pierden antes de que los pollos puedan salir adelante. A ello se suman otras amenazas propias de la agricultura moderna, como el uso de productos fitosanitarios. Por desgracia, la codorniz atraviesa actualmente una situación controvertida. Al igual que ocurrió con la tórtola, cuya caza se prohibió en 2021, existen voces que alertan de un acusado descenso de sus poblaciones, mientras que otras sostienen que se mantienen estables y su población no corre peligro. Sea como fuere, es una especie que merece ser gestionada con rigor para garantizar su conservación y que las futuras generaciones puedan seguir disfrutando de su caza. Si la perdiz es la reina de la caza menor, la codorniz lo es de la media veda.

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