viernes, 30 de octubre de 2026

Día de perdices en el Bonillo

El viaje hasta el Bonillo ha sido bastante tranquilo, aunque hemos encontrado algunos bancos de niebla hasta llegar a Barrax. Al llegar a la casa nos esperaba Elías, que hoy nos acompañaría durante la jornada. Hemos vuelto a cazar en el mismo lote que la última vez, una zona con mucho sembrado y poco monte, donde algunos tractoristas ya han comenzado a preparar la tierra para la siembra del cereal. Elías se ha traído hoy a su perrita, Trufa.
Con mi buen amigo Jorge Bolás y Blaki (Foto: Elías) Con el cambio de horario, hemos comenzado a cazar un poco más tarde. Además, el día ha sido caluroso. Por suerte, todavía quedan algunos charcos donde los perros han podido refrescarse y recuperar fuerzas. En las pocas semanas transcurridas desde la última vez que estuvimos aquí, la perdices no solo han ganado tamaño, sino que también están más fuertes. Hay algo de verde en los campos y las perdices aprovechan para picotear entre los brotes. Hoy hemos cazado Mauro, Jorge y yo, con Elías de acompañante. También había ojeo en la finca. Al final, he decidido no llevarme a Tiza. Prefiero cazar con ella alguna vez más en Fontanars antes de llevarla a un viaje tan largo. Este fin de semana saldré por aquí a dar una vuelta al conejo con Tiza y Blaki. Como se nos ha hecho un poco tarde, no hemos parado a tomar el taco. Hemos seguido adelante, aprovechando las horas de caza, aunque el calor empezaba a apretar. Los perros han cazado muy bien, a pesar de las altas temperaturas. Habrá que esperar a que llegue el frío para disfrutar de una buena jornada cinegética. Yo he empezado bien la mañana, abatiendo de segundo tiro la primera perdiz que me ha enviado Elías. He cazado con la Mateo Mendicute y he estado más fino que la última vez. Se nota cuando una escopeta te entra bien. También llevaba la Aya del 20, que acabo de recoger de la armería después de que le dieran forma al gatillo, porque se me quedaba el dedo engarrotado. Hemos visto menos perdices que la última vez que estuvimos en este mismo cazadero. He errado un conejo que Trufa ha sacado de un reguero. Le he tirado demasiado cerca, y además no me acordaba de que llevaba el segundo gatillo . Cuando me he dado cuenta, ya había perdido de vista al conejo, que ha subido por un ribazo. La mañana también nos ha dejado un buen susto. Jorge ha sufrido un accidente al resbalar por una ladera pedregosa y golpearse en la cara. Por suerte, se ha recuperado pronto y ha podido continuar cazando. Ha sufrido varios hematomas en la cara y, debajo del ojo, se he hacho un pequeño corte que hemos limpiado con un poco de agua. Hoy me ha devuelto el sombrero que le hice la última vez. Lo ha hecho abatiendo una perdiz que yo había errado y que él, atento, ha conseguido abatir de un certero disparo. La verdad es que Jorge ha tenido muy pocas ocasiones. Hemos visto perdices, pero muy largas. Mauro, por su parte, ha tenido más oportunidades. Ha podido tirar a más perdices, aprovechando varios lances y colgándose cinco patirrojas. Yo he abatido un conejo que han levantado los perros. Solo tenía un tiro y lo he aprovechado, porque el conejo ya se metía en una carrasca. Hay que ver cómo se mimetizan las perdices. He abatido una que ha caído en medio de un sembrado y he tardado más de media hora en encontrarla. Ni Blaki, que tiene muy buena nariz ha sido capaz de dar con ella. Cuando ya me daba por vencido, la he descubierto agazapada entre la tierra, perfectamente camuflada. Elías ve cómo se echan unas perdices en una zarza. Me acerco sujetando al perro y, al llegar, salen tres perdices. Consigo abatir las tres, las dos primeras de doblete. También he errado alguna perdiz buena, como una que Trufa me ha levantado de dentro de una carrasca. Sin embargo, he podido resarcirme en el último lance del día, cuando he abatido una perdiz muy larga que me ha cantado Elías. Al final, he conseguido una buena percha: diez perdices y un conejo.

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