domingo, 22 de enero de 2017

PACMA utiliza la muerte de dos agentes para lanzar su diatriba contra la caza

El partido animalista PACMA ha aprovechado la triste noticia que conocíamos ayer, de la muerte de dos agentes rurales en Lleida a manos de un cazador para arremeter contra la caza y pedir una vez más su prohibición , y han colgado en su página de Facebook, el siguiente mensaje que reproduzco literalmente:
"Un cazador ha matado de un disparo en la cabeza a dos agentes rurales en Lleida. Los agentes se quejan de la falta de protección frente a los cazadores, que suelen reaccionar de forma violenta cuando les piden alguna documentación. Es habitual que les amenacen con el arma. Desde PACMA recordamos que son múltiples los casos de cazadores responsables de agresiones y asesinatos, también hacia personas. El que es cruel y violento con los animales, suele acabar siéndolo con las personas. PACMA propone la prohibición total de la caza"
He subrayado en negrita lo que considero una auténtica ignominia. No se puede incluir a todo el colectivo de cazadores, más de un millón en toda España, en esta sarta de mentiras y de continuas provocaciones, que estamos sufriendo los cazadores por parte de grupos ecologistas. La última la ha sufrido una cazadora extremeña, de Mérida, concretamente, que colgó en una conocida red social una foto de sus hijos, posando con un jabalí abatido en una montería y un desalmado le deseó la muerte de los dos pequeños. Los hechos han sido denunciados ante la fiscalía.
Ya está bien de demonizar a los cazadores y de llamarnos asesinos y lo que es peor: de desearnos la muerte también a nosotros o a nuestros hijos.
Los tuits y mensajes que cuelgan en las redes sociales son auténticas salvajadas y la justicia debería intervenir para ponerles freno porque se están convirtiendo en algo muy frecuente, a la vez que penoso.
Dicen ustedes, que es habitual que los cazadores amenacemos con nuestras armas a los agentes rurales.  ¿Pero qué barbaridad es esta? ¿ Qué clase de personas se creen que somos? ¿Qué datos tienen ustedes para afirmar tal disparate? ¿Cuántas denuncias se han presentado en el juzgado por intento de agresión?
El cuerpo de Agentes Rurales de La Generalitat a la que pertenecían las dos personas asesinadas ha reconocido que en sus 30 años de existencia, nunca habían vivido una tragedia como la ocurrida este sábado en Aspa. Nunca. Se trata ,pues, de un hecho puntual y afortunadamente aislado, que ojalá no vuelva a repetirse jamás.
No es justo atribuir la actitud de un individuo a todo un colectivo.
Lo  ocurrido este pasado sábado en un pueblo de Lleida, donde dos agentes rurales han sido asesinados es un homicidio, como ha reconocido el propio cazador, que se ha autoinculpado del crimen y será el juez quien dictamine la pena que le corresponde. No ustedes.
Cazo desde hace muchos años. Jamás en mi vida he reaccionado de forma violenta cuando me han pedido la documentación ni tampoco en ningún otro momento. Y como yo, la inmensa mayoría de los cazadores de este país, que somos gente pacífica y en modo alguno violenta. Tampoco asesinos. Nos gusta practicar una actividad legal y necesaria para el mantenimiento del ecosistema, como es la caza y es gracias, precisamente, a los cazadores por lo que hay caza.
El terrible suceso ha conmovido a toda la opinión pública y, por supuesto, al colectivo de cazadores, incluso, a la Casa Real. El monarca Felipe VI ha mandado un mensaje de condolencia a las familias y al presidente de la Generalitat, que ha agradecido  el gesto del rey.
Se puede defender a los animales, yo soy el primero en hacerlo, pero sin agredir a nadie, tampoco a los cazadores. Pierden ustedes toda la credibilidad que pudieran tener como organización en la defensa contra el maltrato animal, cuando caen en el insulto y en la descalificación permanente.
El panfleto señala también que "quien es violento y cruel con los animales, suele acabar siéndolo también con las personas".
Esta analogía que hacen ustedes tan frívolamente, además de ofensiva es absolutamente intolerable. 

jueves, 5 de enero de 2017

Acabando la temporada


Estamos  terminando la temporada cinegética- finaliza el próximo 8 de febrero- así que hay que aprovechar los últimos días que quedan.
Durante el trayecto cogimos un poco de niebla al llegar a Munera. Tanto en Barrax como en Munera es muy frecuente encontrarte con bancos de niebla durante esta época del año. Menos mal, que cuando llegamos al coto, ya se había levantado y pudimos cazar.
El guarda de la finca nos pidió la documentación antes de empezar y  rellenó los pases. Syra se pegó un atracón de cartuchos en el coche. Rompió varias cajas y se entretuvo mordisqueándolos. Ya no vuelvo a dejar nada a su alcance porque lo rompe todo, incluido, un jersey y una rebeca, que llevaba en el maletero.
Sobre las 10,30 llegamos al Bonillo. Allí nos esperaba Vicente, que sería el encargado de acompañarnos durante toda la jornada. César estaba con otra cuadrilla, pero tuve ocasión de saludarle.
Nada más entrar por el camino que nos llevaba al cazadero, empezamos a ver las primeras perdices que parecían no hacerle demasiado caso al coche. No ocurre lo mismo cuando llevamos la escopeta en la mano.
Los caminos son un reguero de comida, que les sirve de refuerzo a las perdices. Los campos verdean y hay comida en abundancia. Pero aún así, refuerzan los caminos con comida para que no les falte alimento. Dentro de nada empiezan a emparejarse y necesitan estar fuertes para sacar adelante las polladas.
Los cotos de caza intensiva que proliferan como alternativa a la caza natural tienen su razón de ser en aquellas zonas y lugares donde la perdiz se ha extinguido por completo,  y siempre que las sueltas se realicen cumpliendo con una serie de condiciones sanitarias y genéticas porque en caso contrario es contraproducente y se puede acabar con las pocas perdices del lugar.
En esta ocasión, han venido conmigo Julián y  Mauro . Julián me acompañó el año pasado, pero Mauro era la primera vez que venía a la finca La Patirroja.
Los tres íbamos pertrechados con escopetas paralelas. Vicente, dijo en tono irónico, que las repetidoras deberían estar prohibidas, a lo que asentí con la cabeza. Yo hace mucho tiempo que me deshice de la semiautomática y desde entonces  cazo con una Mateo Mendicute de dos gatillos.
Mauro trajo  su flamante Purdey y Julián una preciosa Ugartechea, de espectaculares maderas y grabado.
A las 11 ya estábamos en el campo. Quien se crea, que con la perdiz repoblada es llegar y besar el santo- como se dice coloquialmente- está muy equivocado. Hay que pelear para dar con ellas y más a estas alturas de temporada, que están muy esquivas y desconfiadas.
Anduvimos casi tres horas detrás de las patirrojas, cruzando sembrados y ondulados barrancos, pero no dimos con ellas. No sé si porque cogimos mal la mano o porque no hay mucha densidad de perdices, pero la verdad es que vimos muy poca caza. Así que había que aprovechar las pocas oportunidades que surgieran. Yo tuve suerte  y me colgué 4 perdices. Dos las sacó Syra, que de no haber sido por ella, no les hubiera podido ni tirar. Estaban en un linde entre las piedras. Si no las saca el perro, no vuelan. La perdiz se aplasta y si el perro no la hostiga o molesta, no vuela. Permanecen inmóviles, agazapadas, como si fueran codornices.
Lo mejor del día fue, sin duda, la perdiz de ala que cobró Syra. Mauro cogió muy bien la línea de tiro. Se situó donde le había disparado y bajé con la perra a buscarla. Estaba dentro de una retama, metida en un agujero. Solo por este lance, ya valió la pena el viaje.
Mauro no tuvo demasiadas ocasiones de apretar el gatillo, quien sí lo hizo, pero sin demasiado acierto fue Julián, que podía haberse colgado media docena de perdices.

De regreso, paramos, como ya es costumbre, en el Restaurante Casa Valencia, de Almansa. A falta de alubias con perdiz, tomamos unos deliciosos garbanzos con bacalao, aderezado con un espléndido Arzuaga, crianza 2013. Mauro optó por otro plato típico de la zona: el gazpacho manchego.

martes, 13 de diciembre de 2016

El relevo generacional en la caza


El diario El País poco proclive a publicar artículos relacionados con la caza, publicaba en su edición del pasado 15 de noviembre, un artículo, bajo el título "El cazador se hace viejo"  firmado por la periodista Antonia Laborde, que merece cuanto menos un par de reflexiones.
Las razones de que cada vez haya menos cazadores jóvenes, las apuntaba y daba en la diana Leopoldo Barrera Risueño, ex cazador de 82 años y propietario de una finca de caza menor en Munera:
"Todas las razones me cuadran, pero, además, hay otra que a los mayores nos tocan las narices y es la revisión de las armas y el poder tenerlas en casa. Yo tengo 7 escopetas y las he tenido que depositar en la armería, y ponerlas a nombre de mis hijos, ya que al hacerte viejo hay que pasar revista todos los años y uno ya no está para esos trotes Resumiendo: silenciosamente nos están tirando a los mayores y los jóvenes no tienen quien los acompañe. Cada vez habrá menos cazadores y más cochinos, que se va a convertir en plaga, como está ocurriendo en Albacete como consecuencia de que cada vez hay menos perdices y conejos".
Yo añadiría, además, a lo señalado por Barrera, la crisis económica como un factor importante de esta falta de relevo generacional en la caza, que no ocurre en otras disciplinas deportivas, ya que la licencia,  permisos, guías,  escopetas,  cartuchos, cotos, etc. encarecen mucho la caza y no todos los jóvenes se lo pueden permitir. Desde hace un par de años es obligatorio para todos los cazadores noveles realizar un examen, tanto práctico como teórico.
Antes la caza era un sentimiento y una pasión que se transmitía de padres a  hijos. Ahora ya no es así.
No es mi caso porque mi padre no era cazador y no pegó un tiro ni cuando hizo la mili, pero muchos de mis compañeros han empezado en la caza porque su padre era cazador y les metió el gusanillo de la caza en el cuerpo. Ya de pequeños acompañaban a su progenitor por los extensos campos de Castilla La Mancha, detrás de las patirrojas.
Hoy, la figura del cazador está muy denostada. Se ha demonizado al cazador. La caza tiene muy mala prensa. No se reconoce como debiera el rol que cumple la caza en el equilibrio del ecosistema y de las especies.
Yo les preguntaría a los abolicionistas, ¿cómo controlamos la superpoblación de especies si no es mediante la caza?
Y voy a poner dos ejemplos para que me entiendan. La proliferación de conejos está causando graves daños en la agricultura y la única forma de controlar su población es mediante la caza.
En África, que básicamente vive de la caza, hay caza selectica  para matar elefantes porque la superpoblación de paquidermos hace que no haya comida suficiente para alimentarlos a todos.
Los conservacionistas dirán que la propia naturaleza se autoregula. Mentira.
Pero volviendo al tema central de este artículo, es cierto que el cazador se hace viejo. Como nos hacemos viejos todos. En los últimos años ha habido una caída significativa en el número de licencias, tal como recoge Antonia Laborde en su artículo. Sin embargo, no es menos cierto que la esperada licencia única se va posponiendo sine die. El cazador tiene que sacar una licencia de caza por cada Comunidad Autónoma donde quiera cazar, de tal manera, que si uno quiere cazar en Andalucía, Extremadura y Castilla La Mancha, necesita sacarse tres licencias. Tiempo atrás existía una sola licencia para toda España.
 La actual legislación en materia de armas y de renovación de permisos para personas mayores, que es anual, lejos de poner las cosas fáciles, las dificulta como reconocía el propio Leopoldo Barrera. Si además, de ser mayor, no tienes hijos, las armas las tienes que vender (si encuentras comprador) o inutilizar porque una vez dejas de tener el permiso, lógicamente, no puedes tener armas.


martes, 6 de diciembre de 2016

La caza está más viva que nunca


En relación con el reportaje firmado por la periodista de El País Antonia Laborde, titulado "El cazador se hace viejo", publicado en la edición de hoy lunes, quisiera hacer una pequeña reflexión, a  propósito de las declaraciones de Theo Oberhube, coordinador de Ecologistas en Acción, cuando afirma que la caza se está muriendo "por sí sola" y se refiere a unas estadísticas del CIS del año 95 para defender su tesis en contra de la caza, que por lo que se dice en el texto estaría muy igualada en porcentajes entre defensores y detractores de la caza: 42% a favor y 43% en contra.
Podríamos hacer otra encuesta, a ver si  los españoles queremos organizaciones ecologistas o no o si deben financiarse con dinero público o con las aportaciones exclusivamente de sus socios.
Más adelante el señor Oberhube afirma que "Los jóvenes tienen otras aficiones menos violentas y les importa más el medio ambiente".
Los más preocupados por el medio ambiente somos los propios cazadores. Si hay caza en España es, precisamente, por los cazadores y no por las organizaciones ecologistas, que sólo hacen que poner trabas a una actividad, absolutamente, legal, ancestral y necesaria como es la caza y demonizar a los cazadores.
Llevo muchos años cazando y nunca les he visto en el monte poniendo bebederos, comederos o sembrando trochas para la caza.
Por desgracia en la caza se producen  accidentes, alguno de ellos con resultados fatídicos. Hace unos días moría un cazador por un disparo fortuito de un compañero durante una batida de jabalíes y las redes sociales se inundaron de macabros mensajes, celebrando la muerte del cazador. Lo mismo  ocurrió con Víctor Barrio cuando un toro le quitó la vida en el ruedo o con el niño que padece un cáncer y su ilusión es ser torero y le hicieron una corrida benéfica en Valencia para recaudar fondos. También al pequeño Adrián le desearon la muerte. Afortunadamente, la justicia está investigando estos aberrantes mensajes y sus autores serán juzgados por incitación al odio.

La caza está más viva que nunca, mal que les pese a los ecologistas. Las cifras económicas que mueve la actividad cinegética en España, así lo corroboran. Según datos de Fedenca de 2012, la caza genera en España más de 3.600 millones de euros de riqueza, un 0,34% del PIB. Así que muy muerta parece que no está.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Una nueva jornada cinegética en la Patirroja

La semana pasada  teníamos pensado ir a El Bonillo a cazar, pero, finalmente, anulamos la cacería debido al mal tiempo. Decidimos dejarlo para esta semana, a ver si amainaba un poco el temporal.
El martes daba un pequeño respiro y para allí que nos fuimos. En la entrada de El Bonillo un coche de la Guardia Civil de Tráfico, que estaba parado en al arcén, nos dio el alto. Ángel, el yerno de Pepe Sala, que nos acompañaba en esta ocasión y  que iba en la parte trasera del vehículo, no llevaba puesto el cinturón de seguridad. La multa fue de 200 euros.
Llamé a Kiko desde el coche para decirle que nos retrasaríamos un poco. A Pepe le pidieron la documentación del coche y entre que tramitaron la denuncia y todo lo demás, nos tuvieron parados casi media hora.
Sobre las 11, ya estábamos en el campo, tras el aciago incidente. Nada más bajar del coche empezamos a ver los primeros bandos de perdices. La finca tiene una densidad muy alta de patirrojas. Siempre se ha dicho, que una buena densidad de perdices en una finca de caza menor es una perdiz por hectárea. Posiblemente en la patirroja haya bastantes más.


Los campos de cereal empiezan a verdear, con los primeros brotes de siembra y la perdiz tiene comida en abundancia, aunque en la finca hay comederos y bebederos de sobra, que sirven de refuerzo en la alimentación, sobre todo, en épocas de malas cosechas.
 Fui el primero en estrenarme. César, el acompañante, me canta una perdiz, que derribo de un certero disparo. Abro la escopeta para meter los cartuchos y me doy cuenta que baja otra a una velocidad endiablada. Con el segundo cartucho, que aún no había llegado a quitar, cierro la escopeta y aprieto el segundo gatillo del cañón izquierdo. La ventaja de cazar con una paralela frente a las semiautomáticas es que puedes seleccionar el disparo.  Esto es muy útil, por ejemplo, en los ojeos de perdiz, que tiras de más lejos a más cerca, salvo que tengas una pareja de paralelas, claro. Las superpuestas también te permiten jugar con los chokes. La perdiz cae de ala a un sembrado. Los perros se percatan enseguida y la cogen alicortada. LLuna se adelanta a Syra en la carrera y se hace con ella.
Debido a la emoción del lance, no me fijé muy bien donde cayó la primera. No cogí bien la referencia. Lluna, la perrita de Sala, hizo una faena estupenda y la cobró.
Pepe, le dejó la escopeta a su yerno, que tardó en cogerle el punto a la repetidora, pero a mitad mañana, ya se había hecho con ella. El arma le venía algo corta y eso le hizo errar algunos disparos. Además, a  Ángel le habían dado unos puntos de sutura y llevaba su mano izquierda vendada, aún así es un tirador experimentado, como su suegro y lo demostró, bajando un par de perdices de las de quitarse el sombrero.
Yo, hice un buen promedio ese día, abatiendo 8 perdices consecutivas, tiro a tiro, sin errar ninguna. A última hora de la mañana se truncó la buena suerte y erré un par de ellas. Así es la caza.
Para no comer a destiempo, siempre se nos hace tarde porque apuramos demasiado, ese día decidimos quedarnos en El Bonillo, en el mismo restaurante que tiene Kiko en el pueblo y saboreamos unas deliciosas alubias con perdiz.


jueves, 17 de noviembre de 2016

Tarde de hurones

La caza con hurón es una modalidad que se está imponiendo a marchas forzadas para acabar con la población de conejos, cada vez más numerosa. De hecho, la Conselleria concede permisos para todo el año, previa solicitud por daños. Antes los daba temporalmente.
El conejo se ha convertido en una auténtica plaga en la comarca de La Vall d'Albaida. Las pérdidas que ocasionan a los agricultores son cuantiosas. Los agricultores ya no saben qué hacer ni a quién reclamar ni recurrir.
Los lagomorfos acaban con todo tipo de cultivos: vid, almendros, cereal. Se les ha visto, incluso, trepar por los troncos de los frutales.
La única forma de darles caza es con el hurón. Este mustélido de afiladas uñas y cuerpo alargado y ágil, que recorre las galerías es el único capaz de hacerles salir de su escondite. Los rabudos pasan el día dentro de la madriguera y sólo salen para comer. Permanecen vigilantes al lado del agujero y al menor atisbo de ruido se meten de nuevo en él.
Otra modalidad de caza es a través de ganchillos, que consisten en batir una zona mientras otros cazadores esperan, parados en lugares estratégicos.
 La mejor época para la caza del conejo es durante el descaste, que tiene lugar de junio a agosto. Las hembras por esa fecha ya han parido y hay muchos gazapos en el campo. Aunque las conejas andan preñadas casi todo el año. A las diez semanas de vida ya pueden parir.
Los conejos aprovechan los terrenos arenosos, que son fáciles de escarbar para hacer las madrigueras. Son muy prolíficos, llegando las hembras a tener varias camadas al cabo del año, con una media de 5 ó 6 gazapos. No se adaptan a cualquier tipo de terreno. Se han hecho capturas para soltarlos en lugares donde escasean y poder repoblar y la suelta no ha sido fructífera.
Hoy miércoles he aprovechado la invitación que me ha hecho un amigo para salir un rato con los hurones y no ha ido mal del todo. Mi vecino, que probaba esta tarde una escopeta paralela, marca franchi ,modelo imperial montecarlo, con un grabado precioso, ha estado más fino que yo.
Para la caza con hurón se necesitan dos cosas. En primer lugar, paciencia y en segundo lugar, ir provisto de unos buenos bichos. Las prisas son malas consejeras para este tipo de caza porque muchas veces el hurón se queda dentro y tarda en salir, bien porque ha cogido un gazapo o simplemente porque las galerías están llenas de recovecos y el animal necesita su tiempo para hacer bien el trabajo.

El otro día sin ir más lejos, uno de los hurones de nombre "Ronaldo" hizo una faena de campeonato. Memorable. Tras esperar más de media hora a que saliera y cuando ya nos disponíamos a ponerle un conejo muerto en la boca de la madriguera como cebo para ver si salía- cuando huelen sangre buscan la salida enseguida- echó un conejo, que salió disparado como un rayo. El revolcón que pegó fue morrocotudo.
Cuando oyes las carreras dentro de la madriguera,  el corazón te palpita a mil por hora. No es comparable a la muestra de un perro a pieza parada, pero casi. Es muy emocionante.
Cuando echemos el hurón dentro de la madriguera es muy importante permanecer en silencio, ya que el conejo tiene un oído muy fino y al menor ruido evitará salir a campo abierto.
También es importante tener en cuenta la dirección en la que sopla el viento para evitar que le llegue nuestro olor.  Siempre buscaremos, por tanto, ponernos en una posición de tiro, que no les pegue el aire para que no nos descubran antes de tiempo.  Todas estas sugerencias, que pueden parecer una tontería son importantes tenerlas en cuenta para que el día sea lo más fructífero posible, al igual, que las capturas.
Para cubrir el mayor ángulo posible, lo ideal son dos escopetas. Si echamos el hurón en un ribazo, uno arriba y otro abajo es suficiente. Demasiadas escopetas estorban. He estado en tiradas con 3 y 4 escopetas y es una autentica locura, además, de peligroso.
Al conejo no hay que hacerlo un colador. Con varias escopetas apuntando a la misma pieza es fácil errar el tiro porque queremos tirar antes que nuestro compañero y nos precipitamos en el disparo.
Yo utilizo perdigón del 9, 32 gramos y un choque abierto: 4 y 3 estrellas. Hay quien prefiere utilizar plomo del 7 o séptima y un choque más abierto, cilíndrico o 5 estrellas. El cartucho dispersante no me gusta utilizarlo. Se emplea mucho en la caza del conejo, pero me parece muy peligroso, sobre todo, si a cazamos con perro, ya que coge un amplio perímetro y es fácil plomear a nuestro perro.

Hay que tener en cuenta que al conejo le vamos a tirar a una distancia relativamente corta, 8 ó 10 metros, incluso, menos, con lo cual, cuanto más abierto tiremos, más posibilidades tendremos de abatir al animal.

jueves, 10 de noviembre de 2016

De perdices en la Patirroja


Nueva jornada de caza en la patirroja y como siempre que vamos una auténtica gozada cazar en este coto que Kiko regenta en El Bonillo.
Kiko tiene una de las mejores perdices que conozco por su bravura y fortaleza. Una vez muerta cuesta distinguirla de la perdiz bravía. Pico rojo y un plumaje limpio, igual que las patas. Las alas no tienen restos de haber sido criadas en cautividad. Normalmente el extremo de las alas es un indicador del tiempo que la perdiz lleva en la jaula. Si las tiene romas o despuntadas, las han soltado hace poco. El mejor voladero es el campo. Una perdiz que no defrauda a los cazadores más experimentados y exigentes.
La orografía del terreno para la caza menor no puede ser mejor. Esparteras, romeros, chaparros y retamas. Monte bajo y ondulado. Ideal para la caza en mano y para el ojeo.


El día amaneció muy nublado. Las temperaturas han caído considerablemente y ya no hace el calor de días atrás.  Para cazar mejor que sea así porque uno de los enemigos de la caza es el calor. El termómetro marcaba 8 grados, pero la sensación térmica era de más frío. Tuvimos mucha suerte porque cuando terminamos sobre las dos del mediodía empezó a apoderarse una densa niebla, que nos hubiera impedido seguir cazando debido a la falta de visibilidad. Además de que cazar en días de niebla está prohibido porque es muy peligroso.
Como arreciaba un gélido viento de tramontana, la perdiz busca resguardo en las orillas de los barbechos para protegerse del frío. Lo mismo que haríamos nosotros. En días de viento, la perdiz aguanta más.
Durante la jornada cinegética nos ha acompañado Emeterio, un auténtico lujo de acompañante, que nos iba indicando en todo momento como debíamos coger la mano para no echarlas fuera y hacer el trabajo en balde.
Vimos muchas perdices. Bandos enteros. Solo eso ya es por sí mismo un auténtico espectáculo. Gabriel que venía por primera vez con nosotros no se creía lo que veían sus ojos, acostumbrado a cazar en otros acotados donde ver una perdiz es un milagro. Ya me ha dicho que está deseando volver de nuevo.
Yo, apenas dormí la noche anterior y eso se nota. No sé si por las elecciones en EEUU y el triunfo de Donald Trump o porque todavía tengo el gusanillo de los nervios antes de ir a cazar. O ambas cosas a la vez.
Es muy importante descansar porque hay que estar muy rápido de reflejos. Me costaba echarme la escopeta a la cara, incluso, dar con el segundo gatillo. Hubo un par de perdices a las que solo les disparé una vez, quedándome engarrotado.
Empecé errando las primeras perdices de la mañana y poco a poco fui entrando en tiro hasta completar una buena percha de patirrojas, lo mismo que mis compañeros Sala y Tortosa, que anduvieron bastante finos en sus lances.
Mi perrita Syra va estando en forma poco a poco y me sacó de los morros un par de perdices que estaban emboscadas en la maleza. Aún le cuesta entrar en las jaras.
Y después del frío que pasamos, lo mejor era tomar algo caliente para atemperar el cuerpo y entrar en calor y qué mejor que unas alubias  con chorizo, como las que prepararan en el restaurante Casa Valencia de Almansa y para allí que nos fuimos raudos y veloces, sin pensarlo dos veces.