jueves, 26 de mayo de 2016

Sí a la caza

El próximo domingo 5 de junio hay convocada una manifestación en Madrid en favor de la caza y de los cazadores. Aunque no podré asistir a la misma por razones personales, me solidarizo absolutamente con el lema y con el colectivo de cazadores de toda España.

Desde la comarca de La Vall d'Albaida saldrán varios autobuses en dirección a Madrid para participar en la manifestación. Se espera una alta asistencia, tanto de cazadores como de gente relacionada con este deporte.
La caza no es solo una actividad necesaria para la propia regulación del ecosistema y de las especies, sino que, además, es una actividad económica, que genera riqueza y muchos puestos de trabajo en muchas regiones españolas como Castilla La Mancha, Extremadura o Andalucía.

La caza en mano o al salto, los ojeos o las monterías, si hablamos de caza mayor, mueven cientos de millones de euros en España. Según datos de  Fedenca (Federación para el Estudio y Defensa de la Naturaleza y la Caza), la actividad cinegética generó en 2012 riqueza por valor de 3.635 millones de euros.
Pero al margen de los datos económicos que mueve la caza y que son muy cuantiosos, hay que resaltar, aunque pocas veces se habla de ello,  la gran función social que realizan los cazadores. Por ejemplo, controlando las poblaciones de jabalíes y conejos, que tanto daño hacen en la agricultura. Se calcula que desde el año 2001  se han abatido más de 56 millones de conejos y casi dos millones de jabalíes.

El afán prohibicionista de grupos ecologistas para acabar con la caza es un auténtico disparate que no se sostiene por ningún lado.
España cuenta con más de un millón de cazadores. La caza es una actividad deportiva legal y regulada. Y confíenos que siga siéndolo por muchos años más. Mal que les pese a algunos.


jueves, 31 de marzo de 2016

De hurones con mi amigo Álvaro Torres

Esta mañana he estado cazando al conejo con hurón en el coto de Casas Juntas en el término municipal de Villena con mi buen amigo Álvaro Torres, que afición y ganas no le faltan, aunque lo suyo es la caza nocturna del jabalí con perros y a cuchillo, lo que se conoce en el argot cinegético como hacer la ronda y también la caza menor con perro.

Aunque la población de conejos ha diezmado considerablemente en este acotado, tras años de verdadera plaga, los lagomorfos todavía siguen causando cuantiosos daños en la agricultura, de ahí que esté permitido su caza con hurón durante todo el año mediante permisos especiales que concede la Conselleria para paliar los daños en los cultivos.


Álvaro ha traído una pareja de hurones. Una hembra joven a la que le costaba mucho salir de la madriguera, quizá porque era primeriza y le falta experiencia.
Los campos de cereal no levantan un palmo del suelo debido a la sequía, pero pueden apreciarse rodales comidos por los conejos.
Pepe Torres , presidente del coto y amigo mío desde hace muchos años, nos ha indicado el cazadero y hemos estado cazando en unos ribazos, pegados a una plantación de almendros.
En el primer puesto no hemos tenido demasiada suerte. A penas han salido un par de conejos que no han dado opción a tirarles, quizá porque andaba un poco lento a primera hora de la mañana. Álvaro que conoce bien la zona ha optado por cambiar de lugar y hemos acertado.
Hemos ido a la orilla del campo de almendros, junto a un terraplén, donde todavía quedan vestigios de una antigua vía de tren, creo que de la antigua estación de tren de La Encina que hacía el trayecto La Font de la Figuera -Valencia.
Desde lo alto del terraplén la visión era perfecta. Salían a campo abierto. Álvaro ha colgado la escopeta y me ha dejado tirar a mí a los rabudos. Todo un gesto de generosidad por su parte.
Aunque el terreno está muy huroneado y los conejos saben latín, poco a poco han ido saliendo de sus madrigueras, gracias al buen trabajo del hurón que traído mi amigo Álvaro, que de simpático tenía bien poco porque al ir a cogerlo ha intentando morderle varias veces.
Si no  te acompaña un buen hurón no hay forma de darles captura porque no salen de sus madrigueras, salvo para comer. Permanecen al lado de las bocas y al menor ruido se introducen otra vez dentro. Aprovechan los terrenos arenosos y blandos para hacer allí sus madrigueras. Son rápidos y escurridizos.
En varias ocasiones me he tirado la escopeta a la cara y no me ha dado tiempo de apretar el gatillo.
Las bocas están muy cercas las unas de las otras otras, pasando el conejo con mucha rapidez de un lugar a otro. Hay que estar muy rápido de reflejos para poderles disparar. No les gusta salir a campo abierto porque son pieza fácil.

lunes, 14 de marzo de 2016

Cazando en La Zafra con hurón


Prefiero mil veces  la caza del conejo con perro, pero si se tercia cazarlo con hurón allá que voy. Este pasado domingo tuve ocasión de pasar una jornada cinegética en La Zafra, una pequeña pedanía perteneciente a Villena, con un grupo de cazadores de Fontanars, Biar,Ciudad Real y Bañeres.


La mañana era gélida con un par de grados bajo cero. Los campos estaban cubiertos de escarcha y hielo. Las heladas en esta época del año son habituales.


Nada más llegar al cazadero,  Juan Carlos Bataller divisó a lo lejos a un grupo de muflones que estaba pasturando tranquilamente en un campo de almendros abandonado. Pudimos contar media docena entre machos y hembras. De un tiempo a esta parte ha proliferado mucha esta especie en estos valles. También el arruí ha colonizado este territorio, que antes estaba reservado sólo al jabalí.


Nos dividimos en dos grupos. Juan Carlos, Jaime y yo nos fuimos a unos campos de olivos, mientras la otra cuadrilla: José Luis, padre e hijo y Juan, cazó los ribazos pegados a la viña.

La Zafra, al igual que ocurre con otras poblaciones de La Vall d'Albaida es una zona muy castigada por los conejos. La Conselleria concede unos permisos especiales para poder cazarlos durante toda la temporada.
Como todos sabemos, el conejo se reproduce con mucha facilidad. Una hembra puede tener varias gestaciones y paren una media de 10-12 conejos, pudiendo llegar a tener  hasta siete camadas por año. Se calcula que una hembra puede llegar a parir 100 conejos.

El conejo provoca cuantiosos daños en la agricultura. Hay parcelas de vid totalmente devastadas por estos lagomorfos. Son trepadores y suben a los troncos de los árboles, secando las ramas y los frutos.

El terreno es arenoso y blando,  la orografía la hace muy proclive para que los conejos escarben madrigueras con mucha facilidad, enormes túneles perfectamente conectados entre sí. Son auténticos ingenieros. Una misma madriguera puede tener un sinfín de galerías subterráneas.

La caza del conejo con hurón requiere de mucha paciencia y, sobre todo, ir provisto de unos buenos bichos. Si abundan los gazapos, el hurón puede permanecer dentro de la madriguera durante horas. Les gusta chuparles la sangre y no saldrá hasta que acabe con toda la camada.

Es importante permanecer callado y oculto. Al menor ruido, el conejo buscará otra salida. Por precaución no se debe disparar nunca en la boca de la madriguera porque puede estar el hurón cerca.

Conviene llevar en la escopeta chokes abiertos, ya que la mayoría de los tiros los vamos a hacer a corta distancia. La munición ideal para este tipo de caza es plomo del 9, 32 gramos. Hay quien utiliza cartuchos dispersantes, que amplían considerablemente el radio de muerte, pero yo personalmente no los recomiendo porque son peligrosos, sobre todo, si cazas al conejo con perro. Muchos accidentes se producen por emplear este tipo de munición.

El disparo debe ser rápido porque el conejo suele dar pocas opciones, pasando en ocasiones de una madriguera a otra sin que apenas te dé tiempo de encarar la escopeta. Si la zona está muy huroneada, como es el caso, suelen ser bastante esquivos y desconfiados.

Esta clase de conejo, que no tiene nada que ver con el autóctono, le gusta poco salir de la madriguera. Sólo lo hace para comer. El resto del día permanece dentro o cerca de la boca. Su caza sólo es posible con hurón.

Al final de la mañana, ya con el sol fuera recogimos una veintena de animales.


lunes, 8 de febrero de 2016

Fin de temporada

Llegó el momento de colgar la escopeta, al menos, la de caza. En breve tocará desempolvar la de tiro.
Este pasado miércoles dimos por concluida la temporada de caza. La verdad es que ha pasado muy rápido.
Ahora es momento de dejar que las perdices se emparejen para que saquen buenas polladas en verano y nos hagan disfrutar una nueva temporada más.
Nosotros decidimos dar la última cacería en el coto La Patirroja en El Bonillo. Hemos repetido varias veces en este acotado porque nos gusta la perdiz y la gestión que allí se hace por parte de Kiko, el dueño de la finca.  A diferencia de otros cotos de caza intensiva, la perdiz lleva tiempo soltada en el campo y se adapta muy bien al terreno, dando mucho juego a cazadores y perros.
Esta vez convencí a mi amigo Julián que llevaba tiempo sin pegar un tiro a las patirrojas para que nos acompañara. Disfrutamos de un buen día, no sólo por la bravura de las perdices sino porque las jornadas en buena compañía son más placenteras y divertidas.
Llegamos puntuales al Restaurante Los Rosales en Almansa.  Mi amigo Sala ya tiene controlado cuando encienden la  plancha y pasadas las 8,30  llegaba puntual como siempre. Tras los correspondientes bocadillos de ternera y longaniza, salimos rumbo a El Bonillo.
Allí nos esperaba como de costumbre Césareo. Los pases ya estaban preparados cuando llegamos. Faltaba que Julián completara el suyo.
Pasadas las 10 nos echamos al monte. Césareo  nos iba indicando cómo coger la mano para dar con las patirrojas, que no nos lo ponían nada fácil, guardando las distancias.
Julián que no llevaba perro iba por el medio, Sala a su izquierda y yo por arriba, cerrando la mano, Césareo.
Pepe Sala le puso esta vez el collar a Laika para que no se alejara y la perra le cazo a la mano. La vez pasada se le olvidó ponérselo y le molestó más que otra cosa, sacándole las perdices fuera de tiro y estropeándole varios lances.
Al poco de salir, erré la primera perdiz de la mañana, que se volvió hacia atrás y me la tragué. Creo que el tiro lo hice bajo y trasero.
Poco a poco fui entrando en tiro y perdiz que salía se venía al zurrón. Duba me sacó varias emboscadas en las zarzas, que si no las aprieta el perro, aunque pases por delante de ellas ni se inmutan.
Pero lo que empezó bien, abatí seis perdices consecutivas tiro a tiro, acabó mal porque cuando ya me creía poco más que John Wayne erré tres perdices, una tras otra. A una de ellas solo le pude disparar un tiro porque me percaté de que Julián estaba dentro de un barranco. Y fue gracias a que llevaba una ropa, gorra incluida fosforescente, que debería empezar a ser obligatoria cuando salgamos a cazar, como ya ocurre en algunos países y de esta forma nos evitaríamos muchos accidentes de caza. De momento, estas prendas sólo son obligatorias para los ojeadores, al igual que las gafas. También en las batidas de jabalí ,que es donde más accidentes de caza se producen. Es importante ir bien protegido para evitar males mayores. Julián es consciente de ello y, además, de la ropa fosforescente llevaba también las gafas, que en un momento determinado te pueden salvar de un perdigón perdido, de los muchos, que cuando disparamos no somos conscientes de dónde pueden terminar.
De hecho, durante una cacería donde participaba, uno de sus compañeros de cuadrilla tuvo que ser atendido de urgencia y, afortunadamente, no perdió el ojo, cuando un perdigón de no se sabe quién, se le incrustó en el ojo. Y el que suscribe estas líneas,  no lo perdió  de milagro, precisamente, cuando un compañero del grupo disparó imprudentemente a una liebre, sin percatarse de que yo estaba al lado y un perdigón rebotado de unas piedras se incrustó cerca del párpado. Por suerte, aquello acabó en un susto y hoy puedo contarlo.
Sobre las 13,30 dábamos por terminada la jornada, con unas buenas perchas. Sala, 6 perdices; Julián, cinco y 1 conejo y el que suscribe, media docena de perdices.
De camino a Almansa, llamamos por teléfono para que nos reservaran una mesa en el Restaurante Valencia. Allí pudimos degustar un excelente plato de alubias, que traen expresamente de Asturias, también el entrecot y el solomillo, regado con un buen Ribera del Duero (La Planta 2012).
Un buen broche para una temporada que acaba y otra que empieza: el tiro al plato.

jueves, 21 de enero de 2016

Apurando los últimos días de caza

Estamos ya prácticamente terminando la temporada cinegética, Castilla La Mancha lo hará el próximo 8 de febrero, otras comunidades como la valenciana ya han cerrado y hay que apurar los últimos días que quedan porque hasta el descaste de conejo, allá por el mes de junio, ya no volvemos a coger la escopeta, salvo los aficionados a la caza con perdiz con reclamo que podrán hacerlo hasta el 28 de febrero, según la orden de vedas.

A las 9 de la mañana, tras el obligado almuerzo en Los Rosales, deliciosos los bocatas de ternera y embutido que preparan en este concurrido restaurante de Almansa, mi amigo Pepe Sala y yo nos hemos  ido a la finca La Patirroja en El Bonillo. Pepe Tortosa por problemas de trabajo no ha podido acompañarnos esta vez.

A la puerta del hotel  nos esperaba Vicente. César estaba en esta ocasión acompañando a otra cuadrilla. Nos subimos al coche y nos dirigimos a la mancha que nos habían asignado. Tuvimos que esperar un rato dentro del coche hasta que amainara la fina lluvia que caía. La temperatura era de 7 grados.

Cogimos la mano haciendo caso a Vicente, aunque ya habíamos cazado en esa parcela de la finca en otras ocasiones, pero es la que más nos gusta porque el terreno es más llano y abundan las perdices. La orografía es cómoda de cazar con pocos barrancos y vaguadas y para los que ya vamos cumpliendo años es de agradecer.

Hay días en que la escopeta te entra como un guante y otros en cambio que no sabes ni cómo ponértela. Esta vez no pude estar más certero: 9 piezas; 8 perdices y 1 conejo con 11 disparos y la perdiz que erré se llevó algún perdigón. Empecé la mañana abatiendo una perdiz enviada, que ya venía pegada, pero por la velocidad que llevaba no la hubiéramos cobrado.

Tiro a tiro fui abatiendo el resto de perdices.  No gasté el cañón izquierdo, salvo cuando plomee la perdiz. Da igual que salieran largas o cerca. Hacia delante o hacia atrás. Aterradas o de pico.

Sala no tuvo suerte esta vez porque su perrita Laika iba muy larga toda la mañana, levantando los bandos de perdices fuera de tiro y estorbándole la caza más que otra cosa. Aún así hizo un par de muestras a pieza parada de las de quitarse el sombrero. Aguanta mucho la muestra y eso permite al cazador acercarse lo más posible a la pieza, que en el caso de perdiz soltada, aguanta más. La salvaje es otro cantar. No permite estas florituras.

Mi perrita Duba que lleva desde principios de temporada acompañándome a todas las cacerías va cogiendo afición, buenas maneras y me cobró dos perdices de ala, que me entregó vivas. Tiene la boca muy suave y no aprieta la caza. Otros perros cuando te las entregan están para tirar.
 
El día no podía ser mejor. La temperatura acompañó durante toda la jornada y el sirimiri o calabobos como lo llaman algunos de principio de la mañana, dio paso a que los rayos de sol hicieran acto de presencia. El terruño de la zona está en esta época del año en su mejor esplendor con inmensos campos de cereal y leguminosas que empiezan a verdear. Estos días pasados ha llovido y han caído 17 litros. Las perdices tienen comida abundante en los campos.

Las perdices buscan los linderos y el refugio de las carrascas. También los comederos que abundan por la finca.

Sobre las 13,30 horas dimos por finalizada la jornada. Parada obligada en dirección a casa es el Restaurante El Rincón de Pedro en Almansa y hacia allí nos dirigimos. Había unas jornadas gastronómicas de cocina de autor a cargo Ricardo Sotres, cocinero asturiano con una Estrella Michelin en 2015. Una delicia.

 

 

jueves, 10 de diciembre de 2015

Cazando en La Quéjola


Hoy hemos cambiado de destino cinegético. Nos hemos ido hasta Casas de Lázaro, un pequeño municipio situado en la parte oriental de la comarca de la Sierra de Alcaraz, en la provincia de Albacete. Entre Balazote y San Pedro.

Hemos cazado en la finca "La Quéjola".  Tenía muy buenas referencias de esta finca por un amigo mío , Ramón, que lleva ya muchos años cazando en ella y la verdad es que no me ha defraudado. Un coto de más de 1400 hectáreas, propiedad del Marqués de Melgarejo, que cuenta, además, con otras dos fincas de caza en Belmonte y San Clemente, esta última para ojeos.
a Quéjola es el nombre de un antiguo poblamiento íbero del siglo V.

A las 10 de la mañana nos esperaban en la finca los guardas Ángel y Sisto, que nos han acompañado durante toda la jornada cinegética.
Antes de salir y como el hambre apretaba hemos tomado el taco. Tortilla de patatas, chorizo y lomo embuchado para coger fuerzas.

A las puertas de la casa se levantan unos majestuosos nogales de más de doscientos años. Un pequeño riachuelo cruza la finca.

Yo he empezado muy bien la mañana abatiendo las dos primeras perdices, una de las cuales me la ha sacado Duba que le había cogido el viento.
Luego he fallado más que una escopeta de feria, errando cuatro perdices consecutivas. Aún ando fastidiado de las cervicales y a mitad mañana estaba un poco mareado. Luego se me ha pasado y he arreglado un poco el día, colgándome 6 perdices y otra más que ha hecho la torre, pero que no he cobrado.
Tampoco Sala se ha encontrado muy bien y al rato de salir se ha ido al coche aquejado de una lumbalgia. El guarda lo ha puesto delante en un par de ganchos.
Ángel no se ha separado de su walkie, en permanente comunicación con su compañero que iba indicándole desde el coche como coger la mano para meter las perdices dentro de la mancha. A mí personalmente no me gusta el uso de las nuevas tecnologías en la caza. De ninguna. Y no digamos de las que se usan para la caza mayor. Si vas a una espera prácticamente ya sabes  la hora a la que te va a entrar el guarro porque bien a través de una fotografía o de un video tienes plasmado en un gráfico con todo lujo de detalles la hora y las veces que entra el animal al cebadero.
La perrita de Tortosa, Shaila, una braca preciosa marrón chocolate, ha hecho un par de muestras a pieza parada de las de quietarse el sombrero. Aguanta mucho la muestra y hay que azuzarle para que entre a la leña y levante la pieza. La perdiz salvaje no permite estos lujos, arranca mucho antes de que llegue el perro.
El cazadero me ha gustado mucho, aunque la densidad de perdices es bastante menor que otras fincas en las que hemos cazado. Hay zonas con mucha maleza y vegetación, donde la perdiz se queda aplastada y si no vas acompañado de un buen perro que mueva caza no las ves porque apeonan y no vuelan.
He visto mucho rastro de conejo, pero a estas alturas de temporada está muy pegado y prefiere estar al resguardo dentro de la madriguera. Tampoco la hora a la que nos hemos puesto a cazar era la más óptima.  Y tampoco llevábamos perros para el conejo.
 

 

 

 

 

 

 

jueves, 26 de noviembre de 2015

Cazando en El Bonillo

Ni la fuerte contractura muscular que sufro desde esta mañana en el cuello ha sido obstáculo para ir a cazar a El Bonillo, aunque reconozco que estuve a punto de llamar a Sala para decirle que no contaran conmigo en esta ocasión. Pero la afición y las ganas pueden más muchas veces que un simple pinzamiento de un nervio en el cuello, del que por cierto aún no me he repuesto.

Sobre las 11 de la mañana llegábamos al coto de La Patirroja. Allí nos esperaba el dueño de la finca kiko y César, el acompañante. Tras darnos los correspondientes permisos nos hemos puesto en marcha.  Un grupo de cazadores franceses almorzaba alrededor de una mesa.
La temperatura no podía ser mejor: 12 grados. Nada que ver con los 25º de un par de semanas atrás que hacían que la jornada cinegética fuera soporífera para cazadores y perros.

Duba ha estado fantástica, cobrando tres perdices de ala y batiendo el terreno, ya casi como una perra experimentada, aunque tiene poco más de un año. En sólo cuatro días, el cambio ha sido abismal. De ir detrás de mí, más que cazando; acompañándome a ir como toca, es decir, delante, no muy lejos, guardando la distancia para no espantar la caza y estropear la jornada y batiendo el terreno. La verdad es que me he venido muy contento. Matar más o menos caza es irrelevante. Prefiero un buen lance con el perro que abatir perdices sin ton ni son.
Una de las perdices que ha caído de ala lo ha hecho en medio de un sembrado, a pesar de que ha intentado zafarse en varias ocasiones, aprovechando unas piedras que había en mitad del bancal, finalmente se ha hecho con ella. No aprieta la caza. Hay perros de boca dura que destrozan la caza cuando la entregan y luego las tienes que tirar porque no aprovechan para nada.


He tenido ocasión de tirar a varios conejos, pero al llevarme la escopeta a la cara para disparar he notado varios pinchazos en el cuello y bastante dolor, ya que al conejo suelo tirar a tenazón y el movimiento es más rápido y brusco al mismo tiempo.
Hemos cazado en una zona más llana y más cómoda, con romeros, retamas y esparteras donde se ha visto mucha perdiz y de mucha calidad.

César , el acompañante, nos indicaba en todo momento como coger la mano para que las perdices no nos toreasen más de la cuenta porque aunque son de granja se las saben todas. Llevan tiempo en el campo y aprenden rápido.
Llegando al coche he hecho un doblete de perdices. Sala y Tortosa han llenado el zurrón con 11 y 10 perdices cada uno, respectivamente. Sala ha disfrutado con su perrita Laika a muestra parada en varios lances. También Pepe Tortosa se lo ha pasado de lo lindo y quien suscribe estas líneas ídem de ídem.

Para completar el día, hemos comido en uno de los mejores restaurantes de Almansa que conozco, por no decir el mejor. El Rincón de Pedro. A parte de un inmejorable y diligente servicio con Toni en la barra y con Pedro el propietario al pie del cañón, se come de maravilla. De entrada hemos pedido berberechos y calamar plancha. Frescos y exquisitos. Y de plato para compartir:  Arroz con bogavante. Una especialidad de la casa junto a la paletilla de cabrito a la brasa. Espectacular y en su punto justo. Y como colofón: los postres caseros:  Milhojas caramelizada con crema y salsa de vainilla y torrijas caramelizadas con helado de canela. Sin palabras.